Un estudio del proyecto PROBITY, financiado por el gobierno británico, revela que el 82% de los agricultores participantes valora positivamente la edición genética y el 78% consideraría sembrar estos cultivos en los próximos cinco años. La resistencia a plagas y enfermedades encabeza sus prioridades, seguido por un mejor uso de los fertilizantes y tolerancia a la sequía.
ChileBio / 22 de octubre de 2026.- La posibilidad de producir cultivos editados genéticamente está despertando interés entre los agricultores británicos. Según informó el medio británico Farmers Guide, una nueva encuesta realizada en el marco de PROBITY, una iniciativa de investigación e innovación agrícola financiada por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra), encontró que el 78% de los productores consultados consideraría sembrar variedades obtenidas mediante edición genética en sus campos durante los próximos cinco años. Otro 19% se declaró indeciso y solo el 3% descartó esa posibilidad.
Según detalló FarmingUK, el sondeo fue liderado por la Universidad de Nottingham y ejecutado por Grounded Research, y recogió las opiniones de algo más de 100 agricultores de distintas edades y actividades productivas. El 82% manifestó inicialmente una valoración positiva de la edición genética de cultivos, porcentaje que aumentó al 90% después de que los encuestados recibieran una explicación de la tecnología.
Resistencia a enfermedades, uso eficiente de fertilizantes y tolerancia a sequía: las prioridades del campo
Cuando se pidió a los participantes escoger hasta tres características que les gustaría mejorar mediante edición genética, el 85% seleccionó la resistencia o tolerancia a plagas y enfermedades. Le siguieron una mayor eficiencia en el uso del nitrógeno (66%), la tolerancia a la sequía (55%) y el incremento del rendimiento (50%).
Más allá de sus preferencias inmediatas, los productores también valoraron posibles beneficios colectivos de la tecnología: el 96% expresó una opinión favorable sobre su uso para mejorar la resiliencia de los cultivos frente al cambio climático, mientras que el 91% valoró positivamente su potencial para elevar los rendimientos.
Estas cifras ayudan a explicar por qué herramientas como CRISPR despiertan interés agrícola. Al permitir modificaciones dirigidas en el ADN de las plantas, la edición genética puede acelerar el desarrollo de características que también podrían obtenerse mediante procesos naturales o mejoramiento convencional. Sin embargo, la eficacia de cada nueva variedad debe comprobarse mediante ensayos en condiciones reales; no es un beneficio garantizado de la técnica por sí misma.
La rentabilidad importa tanto como la innovación
El principal incentivo para considerar el cultivo de estas variedades fue mejorar la rentabilidad del predio, mencionado por el 69% de los encuestados. Le siguieron la posibilidad de usar fertilizantes de manera más eficiente o reducir su aplicación (56%), disminuir el empleo de pesticidas (50%), mejorar la respuesta a sequías y otros eventos climáticos (37%) y reducir pérdidas por plagas o enfermedades (34%).
Además, una cuarta parte de los participantes (25%) identificó como motivación contar con resultados de ensayos y experiencias de otros agricultores en quienes confíen. El dato subraya la importancia de evaluar las innovaciones fuera del laboratorio y demostrar ventajas concretas en productividad, costos y manejo agronómico.
El principal obstáculo: que los compradores acepten los productos
El optimismo tecnológico convive con una preocupación comercial, también destacada por Fresh Produce Journal (Fruitnet). El 60% señaló la aceptación de los compradores y del mercado como la principal barrera potencial para incorporar cultivos editados genéticamente. En otras palabras, no basta con desarrollar una semilla que funcione bien en el campo: también debe existir una cadena de comercialización dispuesta a comprar, procesar y vender su producción.
La información al consumidor es parte de ese desafío. Un 43% consideró que los alimentos obtenidos de cultivos editados genéticamente deberían llevar siempre una etiqueta que lo indique, mientras que otro 26% favoreció el etiquetado en determinados productos o ingredientes. Entre quienes respaldaron alguna forma de etiquetado, el 74% quiso que se explicara el propósito o beneficio de la edición genética, más allá de mencionar simplemente la técnica utilizada.
La coexistencia con cultivos convencionales y orgánicos también generó respuestas diversas: el 41% prefirió medidas adaptadas al cultivo y las condiciones locales; el 21% se inclinó por requisitos obligatorios; el 19% no vio necesarias medidas específicas en la mayoría de los casos; y el 17% favoreció orientaciones voluntarias. La pureza varietal y de las semillas, junto con la asignación de responsabilidades, estuvieron entre los asuntos más relevantes.
Tom Allen-Stevens, director ejecutivo de la British On-Farm Innovation Network (BOFIN) y responsable del proyecto PROBITY, valoró el interés de los productores. En declaraciones reproducidas por Farmers Guide, afirmó: «Es alentador ver que los agricultores reconocen los beneficios potenciales de los cultivos editados genéticamente». El directivo subrayó también que los ensayos en campos reales serán fundamentales para determinar si esas ventajas se concretan y evaluar posibles obstáculos de aceptación comercial.
Al referirse al desafío de llevar estos materiales a explotaciones comerciales, Allen-Stevens agregó, en una declaración recogida por FarmingUK: «Estamos en territorio desconocido, por lo que es esencial mantener un diálogo abierto».
PROBITY: trigo y cebada editados genéticamente pasan del laboratorio al campo
PROBITY es un proyecto de tres años (2024-2027), dotado de 2,2 millones de libras esterlinas, liderado por BOFIN junto con 11 socios de investigación e industria. Su objetivo es llevar tres líneas de cereales obtenidos mediante mejoramiento de precisión a procesos regulatorios y evaluaciones en explotaciones agrícolas de Inglaterra, con participación de investigadores, agricultores y empresas alimentarias.
Entre los materiales destaca una cebada con mayor contenido de lípidos, desarrollada por Rothamsted Research para estudiar su potencial como forraje de mayor densidad energética, así como un trigo con bajo contenido de asparagina libre, cuyo objetivo es reducir la formación de acrilamida durante procesos de cocción a altas temperaturas. También forma parte del proyecto una línea de trigo con granos de mayor tamaño desarrollada por el John Innes Centre.
La cebada ya ha avanzado a evaluaciones en predios agrícolas, mientras se preparan nuevas etapas para el trigo bajo en asparagina.
Inglaterra abre el camino regulatorio y financia nuevos desarrollos
Desde el 13 de noviembre de 2025, Inglaterra aplica el nuevo marco de la Ley de Tecnología Genética (Mejoramiento de Precisión) de 2023, que establece una vía específica para plantas con cambios genéticos que podrían haberse producido naturalmente o mediante mejoramiento tradicional. El régimen vigente se aplica a Inglaterra, no automáticamente a las cuatro naciones del Reino Unido.
En este sistema, Defra puede confirmar la condición de una planta como organismo obtenido mediante mejoramiento de precisión e incorporarla a su registro público. Pero los productos destinados a alimentación humana o animal necesitan, además, una autorización de la Food Standards Agency (FSA).
La cartera de proyectos avanza en paralelo. Un tomate editado con CRISPR para acumular provitamina D3 y una banana cuya pulpa se oscurece más lentamente ya han conseguido hitos de reconocimiento regulatorio en Inglaterra, aunque aún no cuentan con autorización final para su comercialización como alimentos.
El gobierno británico también está respaldando este ecosistema con recursos públicos. En enero de 2026, Defra e Innovate UK anunciaron al menos 21,5 millones de libras para 15 iniciativas que abarcan tanto mejoramiento genético de precisión como tecnologías agrícolas de bajas emisiones. Entre los desarrollos apoyados figuran tomates enriquecidos nutricionalmente, remolacha azucarera resistente a enfermedades y nuevos usos de cultivos industriales.
El agro británico, un sector dispuesto a innovar
El interés de los agricultores se suma y va en línea con las señales de apertura entre los consumidores. Un sondeo difundido por British Sugar en abril de 2025 registró un 70% de apoyo a la edición genética aplicada a la agricultura entre adultos británicos, cifra que alcanzó el 80% entre los participantes de la generación Z. Todos los grupos de edad consideraron la sostenibilidad como el principal motivador, y el 44 % citó las credenciales ecológicas como una razón clave para respaldar la edición genética.
El panorama muestra una oportunidad y una tarea pendiente. Los agricultores encuestados ven potencial en cultivos más resistentes, eficientes y rentables, pero la adopción dependerá de resultados verificables en campo y confianza de los compradores y consumidores.
La edición genética en Inglaterra avanza desde los centros de investigación, startups y grandes empresas, hacia los campos. Ahora demostrar su valor a lo largo de toda la cadena alimentaria será la siguiente prueba.

