Tomate editado con CRISPR junto a huevos y atún, alimentos fuente de vitamina D, con un símbolo de vitamina D iluminado por el sol.

Tomate editado con CRISPR para aportar vitamina D da un paso clave hacia el mercado en Inglaterra

El tomate desarrollado por científicos del John Innes Centre (Inglaterra) acumula elevados niveles de provitamina D3 gracias a una edición genética precisa realizada con CRISPR. Inglaterra confirmó ahora su estatus como organismo “obtenido por mejoramiento de precisión” para comercialización, un importante avance hacia su llegada al mercado, aunque todavía deberá obtener la autorización final de consumo.

ChileBio / 20 de septiembre, 2026.- Un tomate desarrollado mediante edición genética para convertirse en una nueva fuente vegetal de vitamina D acaba de superar uno de los principales hitos regulatorios de su camino hacia el mercado.

El Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales de Inglaterra (Defra) confirmó a fines de agosto el aviso de comercialización del tomate desarrollado por el John Innes Centre, reconociéndolo como un organismo obtenido mediante precision breeding —o mejoramiento de precisión— bajo la nueva legislación inglesa. Es el primer tomate de este tipo que alcanza esta etapa regulatoria en Inglaterra.

El avance acerca a la comercialización al proyecto conocido como tomate “Sunshine”, desarrollado por el equipo de la profesora Cathie Martin, que utiliza edición genética para conseguir que los frutos acumulen altos niveles de provitamina D3, también denominada 7-dehidrocolesterol o 7-DHC.

La provitamina D3 puede transformarse posteriormente en vitamina D3 mediante la exposición a la luz solar o a radiación ultravioleta B (UVB).

Según el John Innes Centre, los tomates tratados de esta manera pueden alcanzar potencialmente un contenido de vitamina D comparable al de dos huevos medianos o alrededor de 28 gramos de atún. El centro señala además que la modificación no produjo cambios apreciables en el aspecto, crecimiento o rendimiento de las plantas.

Una edición muy precisa en un solo gen

La documentación presentada ante las autoridades británicas permite conocer con detalle cómo se generó este tomate.

Los investigadores utilizaron CRISPR-Cas9 para actuar sobre el gen Sl7-DR2, que codifica una enzima implicada en una ruta metabólica que normalmente consume la provitamina D3 presente en el tomate.

La edición produjo una deleción de 108 pares de bases en el segundo exón del gen Sl7-DR2, provocando su inactivación. Al bloquear esta enzima, la planta puede acumular mayores cantidades de 7-DHC o provitamina D3 en sus tejidos, incluidos los frutos.

Aunque durante el proceso inicial se utilizaron CRISPR-Cas9, ARN guía y Agrobacterium para introducir las herramientas de edición en las células vegetales, estas secuencias fueron posteriormente eliminadas mediante cruzamientos y segregación.

Los análisis presentados a Defra indican que las líneas finales ensayadas no mostraron amplificación de las secuencias correspondientes a Cas9, los ARN guía ni el marcador nptII. El expediente también informa que la resecuenciación del genoma y los análisis bioinformáticos realizados no detectaron mutaciones fuera del objetivo atribuibles a la nucleasa utilizada.

La modificación, además, se mantuvo estable durante cinco generaciones sucesivas de autofecundación y también al introducirse mediante cruzamientos en otros materiales genéticos de tomate.

Estas características permitieron que el cultivo fuese reconocido bajo la categoría inglesa de organismo obtenido por mejoramiento de precisión, que comprende modificaciones genéticas equivalentes a cambios que podrían obtenerse mediante procesos tradicionales de mejoramiento (diferenciándose de los cultivos transgénicos).

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De una investigación científica a un potencial alimento

El avance comenzó a ganar atención internacional en 2022, cuando el equipo de Cathie Martin publicó en la revista científica Nature Plants el desarrollo de tomates capaces de acumular provitamina D3 mediante edición del genoma.

En aquel estudio, los investigadores demostraron que la desactivación específica de Sl7-DR2 permitía acumular el precursor sin alterar de manera importante otras rutas metabólicas necesarias para el crecimiento normal de la planta.

ChileBio informó entonces sobre el desarrollo y su potencial como fuente vegetal de vitamina D, cuando el cultivo todavía se encontraba en una etapa mucho más temprana de investigación.

Tres años después, en 2025, el proyecto avanzó además hacia uno de los primeros estudios de intervención nutricional con un alimento editado genéticamente en Reino Unido.

El estudio ViTaL-D, realizado por el Quadram Institute junto al John Innes Centre y otras instituciones, evaluó durante 21 días el consumo de sopa elaborada con estos tomates en personas con bajos niveles de vitamina D, comparándola con preparaciones elaboradas con tomates convencionales y otros tratamientos.

El reclutamiento ya finalizó. En mayo de 2026, el Quadram Institute informó que los investigadores se encontraban analizando los resultados para determinar si el consumo de los tomates produce efectivamente un aumento de vitamina D en la sangre.

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“Sunshine”: del laboratorio hacia un producto comercial

Para Cathie Martin, el proyecto refleja el potencial de utilizar la ciencia vegetal para abordar desafíos nutricionales.

“Me apasiona la ciencia aplicada a la salud pública y, dado que la deficiencia de vitamina D es un problema generalizado, nuestro tomate biofortificado podría llegar a ser una solución sencilla, económica y de origen vegetal capaz de mejorar la alimentación en todo el mundo.”

“Este es un paso importante para lograr la aprobación del tomate para su comercialización en Inglaterra, y quiero agradecer a todos mis colegas del instituto y de otros lugares que han colaborado en este importante proyecto”.

El objetivo comercial contempla productos para consumo fresco y procesado, además del posible aprovechamiento de la planta para producir ingredientes o formulaciones de provitamina D destinadas a suplementos y biofortificación de alimentos.

En paralelo, los investigadores están cruzando las plantas editadas con variedades de tomate más dulces y visualmente atractivas, incluidas líneas con frutos rayados, con miras a desarrollar el producto que será comercializado bajo el nombre “Sunshine”.

Todavía queda el paso regulatorio final

La confirmación de Defra no significa que el tomate ya pueda venderse como alimento en supermercados.

El procedimiento inglés distingue entre la confirmación del estatus de un organismo obtenido mediante mejoramiento de precisión y la autorización necesaria para utilizar ese organismo en alimentos o alimentos para animales.

Antes de llegar a los consumidores, el proyecto deberá tramitar la correspondiente autorización ante la Food Standards Agency (FSA). La normativa exige que los organismos de mejoramiento de precisión destinados a alimentación sean incorporados al registro alimentario correspondiente antes de su comercialización para ese uso.

El John Innes Centre identifica precisamente la solicitud ante la FSA como uno de los próximos pasos del proyecto.

Aun así, el nuevo hito regulatorio representa un avance significativo respecto de aquel tomate experimental presentado científicamente en 2022: en apenas cuatro años, el desarrollo pasó desde la demostración de que era posible redirigir mediante CRISPR el metabolismo natural del tomate, hasta ensayos en personas y el comienzo formal de su transición hacia un producto agrícola comercial.

Es también un ejemplo concreto de cómo la edición genética esta avanzando no solo en mejorar características agronómicas para los productores, sino en desarrollar alimentos con nuevas características nutricionales orientadas directamente a la salud del consumidor.

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