Un trigo mejorado con edición genética desarrollado por investigadores de Rothamsted Research, en Reino Unido, podría contribuir a producir pan y otros alimentos horneados con menos acrilamida, un compuesto potencialmente dañino que se forma durante la cocción a altas temperaturas.
ChileBio / 13 de julio, 2026.- La edición genética continúa demostrando su potencial para resolver desafíos concretos en la producción de alimentos. En un país como Chile, donde el pan forma parte de la alimentación cotidiana y se encuentra entre los de mayor consumo per cápita del mundo, avances como este podrían contribuir a elaborar alimentos más seguros para los consumidores.
Un equipo de investigadores de Rothamsted Research, en el Reino Unido, desarrolló una nueva línea de trigo mediante mejoramiento genético de precisión capaz de reducir drásticamente la formación de acrilamida, una sustancia que se genera al hornear, freír, asar o tostar alimentos ricos en almidón y que ha sido catalogada como un probable carcinógeno para los seres humanos.
El desarrollo acaba de alcanzar un importante hito regulatorio: las autoridades británicas confirmaron que el trigo cumple con los requisitos para ser considerado un organismo obtenido mediante técnicas mejoramiento de precisión, de acuerdo con la Ley de Tecnología Genética —Mejoramiento de Precisión— de 2023 y las regulaciones que entraron en vigor en 2025.
Esta decisión no constituye todavía una autorización definitiva para su venta o consumo. Sin embargo, permite que el trigo avance hacia la siguiente etapa del proceso: su evaluación por parte de la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido —Food Standards Agency, FSA— para su eventual utilización en alimentos destinados a personas y animales.
Si supera las próximas evaluaciones regulatorias, el cultivo podrá sembrarse en un número limitado de predios seleccionados y procesarse en plantas reales de fabricación de alimentos. Esto permitirá que agricultores, científicos, molineros y empresas alimentarias analicen su comportamiento fuera del laboratorio y determinen su valor para la cadena productiva.
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Edición precisa de un gen clave
Para desarrollar este trigo, los investigadores utilizaron la herramienta de edición genética CRISPR para intervenir el gen TaASN2, que codifica una enzima denominada asparagina sintetasa 2 y cumple un papel central en la acumulación de asparagina en los granos.
La asparagina es un aminoácido presente de forma natural en el trigo. Aunque no representa por sí mismo un problema para la salud, puede reaccionar con azúcares cuando los alimentos son sometidos a altas temperaturas, favoreciendo la formación de acrilamida durante procesos como el horneado o el tostado.
Al reducir la actividad de TaASN2, los científicos disminuyeron la cantidad de asparagina libre disponible en el grano y, por lo tanto, la posibilidad de que posteriormente se forme acrilamida durante la preparación de los alimentos.
Los resultados fueron contundentes. Durante dos años de ensayos de campo, la línea que actualmente avanza por el proceso regulatorio presentó una reducción del 59% en la concentración de asparagina libre, sin que se observaran efectos negativos sobre el rendimiento del grano. En otras líneas desarrolladas durante la investigación, la disminución de asparagina alcanzó valores de entre un 59% y un 93%, también sin afectar la productividad del cultivo.
Posteriormente, los investigadores elaboraron pan y otros productos horneados con la harina obtenida de este trigo y comprobaron una reducción significativa de la formación de acrilamida. En algunas muestras de pan tostado, los niveles fueron tan bajos que ni siquiera pudieron detectarse.
La investigación también comparó esta estrategia con métodos convencionales de mejoramiento. Si bien estos últimos lograban reducir parcialmente la asparagina, lo hacían a costa de una disminución cercana al 25% en el rendimiento agrícola. En cambio, la edición genética permitió alcanzar reducciones mucho mayores sin comprometer la producción.
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Del laboratorio a la cadena alimentaria
El trigo está siendo evaluado como parte de PROBITY, sigla en inglés de A Platform to Rate Organisms Bred for Improved Traits and Yield, una plataforma destinada a evaluar organismos mejorados para obtener características y rendimientos superiores.
Se trata de un proyecto de tres años, liderado desde el sector agrícola y financiado con 2,2 millones de libras esterlinas por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido —Defra—. La iniciativa reúne a distintos actores y busca acompañar a tres cereales obtenidos mediante mejoramiento de precisión a través de los procesos regulatorios y hasta su evaluación en predios comerciales.
El trigo bajo en asparagina es el segundo cereal del proyecto que recibe un aviso de comercialización dentro del nuevo sistema británico. El primero fue una cebada con un contenido elevado de lípidos, también desarrollada por Rothamsted Research. Esto convierte al nuevo trigo en uno de los primeros cultivos en recorrer el marco regulatorio creado por el Reino Unido para las variedades obtenidas mediante mejoramiento de precisión.
El avance ocurre, además, en un contexto de creciente atención regulatoria sobre la acrilamida. La Unión Europea ya establece niveles de referencia para este compuesto en diferentes productos alimenticios y se esperan límites máximos más estrictos, lo que podría afectar a molinos, panificadoras, fabricantes y otros actores de la cadena del trigo tanto en Europa como en sus socios comerciales.
Reducir la formación de acrilamida desde el propio grano podría facilitar el cumplimiento de estas exigencias sin obligar a modificar sustancialmente la calidad de los productos, los procesos industriales o la forma en que los consumidores preparan y disfrutan alimentos cotidianos.
Para el Dr. Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, este desarrollo demuestra cómo las nuevas herramientas biotecnológicas de mejoramiento vegetal están contribuyendo a aumentar la productividad y a mejorar directamente la calidad y seguridad de los alimentos.
“Durante años, el foco estuvo puesto en desarrollar cultivos más productivos o resistentes a enfermedades y al cambio climático. Hoy también estamos viendo avances que benefician directamente a los consumidores. Este trigo demuestra que la edición genética puede contribuir a producir alimentos más seguros al reducir la formación de compuestos potencialmente dañinos, sin afectar su productividad”, señala Sánchez.
La acrilamida se forma de manera natural cuando alimentos ricos en almidón, como el pan, las papas, las galletas o los cereales, son sometidos a altas temperaturas durante procesos de horneado, fritura o tostado. Por ello, distintos organismos internacionales han impulsado estrategias para reducir su presencia en los alimentos procesados.
El reconocimiento regulatorio obtenido en el Reino Unido no significa que el trigo ya se encuentre disponible comercialmente, pero representa un paso decisivo para llevar esta innovación desde los ensayos científicos hacia los campos de agricultores, la industria alimentaria y, eventualmente, los productos consumidos diariamente por las personas.

