
El tomate “Sunshine”, desarrollado por científicos del John Innes Centre mediante edición genética para acumular provitamina D3, está avanzando desde la investigación vegetal hacia la nutrición humana y un futuro producto comercial. Nuevos trabajos buscan aumentar aún más su contenido nutricional, mientras las plantas son cruzadas con variedades más dulces y atractivas y el ensayo ViTaL-D estudia si la vitamina D obtenida a partir de estos tomates puede elevar sus niveles en la sangre.
ChileBio / 7 de octubre de 2026.- Hace apenas cuatro años era una demostración experimental publicada en una revista científica. Hoy, el denominado tomate “Sunshine” reúne edición genética, mejoramiento vegetal, investigación en nutrición humana y desarrollo de producto en uno de los ejemplos más avanzados de biofortificación mediante nuevas tecnologías.
Una nueva publicación del John Innes Centre (JIC), en Inglaterra, repasa el camino que ha seguido este tomate desde el cultivo experimental hasta los estudios en personas y destaca los nuevos esfuerzos para transformar el desarrollo científico en un alimento que resulte también atractivo para los consumidores.
En 2025 el JIC informó sobre el inicio del estudio ViTaL-D, uno de los primeros ensayos de intervención nutricional con un alimento editado genéticamente en Reino Unido. En septiembre de este año, el proyecto alcanzó además un importante hito regulatorio, luego de que Inglaterra reconociera oficialmente al tomate como un organismo obtenido mediante mejoramiento de precisión (quedando fuera de la regulación de transgénicos) para efectos de su futura comercialización.
Una nueva etapa para el tomate con vitamina D
El desarrollo nació del grupo dirigido por la profesora Cathie Martin, del John Innes Centre. Los investigadores utilizaron CRISPR-Cas9 para modificar el gen Sl7-DR2, que codifica una enzima involucrada en una ruta metabólica que consume normalmente 7-dehidrocolesterol o 7-DHC, el precursor de la vitamina D3.
Al desactivar esa función, el 7-DHC puede acumularse en los frutos y hojas. Posteriormente, su exposición a radiación ultravioleta B —incluida la presente en la luz solar— permite convertir el precursor en vitamina D3. El trabajo original fue publicado en Nature Plants en 2022 y mostró que la modificación podía aumentar sustancialmente el 7-DHC sin afectar de manera detectable el crecimiento, desarrollo o rendimiento de las plantas.
En los experimentos originales, después del tratamiento con UVB, la cantidad potencial de vitamina D3 obtenida a partir de un tomate podía ser comparable a la aportada por dos huevos medianos o unos 28 gramos de atún, dos fuentes dietarias conocidas de esta vitamina. La equivalencia depende, por tanto, de la conversión del precursor acumulado mediante exposición UVB y no significa que cualquier fruto recién cosechado contenga automáticamente esa cantidad de vitamina D3.
Buscan aumentar todavía más su contenido nutricional
La nueva publicación del John Innes Centre presenta además el trabajo de la investigadora doctoral Brenda Mionki, quien estudia cómo seguir mejorando nutricionalmente estos tomates.
Según informa el centro británico, mediante nuevas aplicaciones de edición genética su trabajo ha conseguido casi duplicar la cantidad de vitamina D que se acumula en frutos y hojas.
El interés no se limita al fruto. Debido a la elevada acumulación del precursor en las hojas, este material —que normalmente constituye un residuo del cultivo— también podría convertirse en materia prima para producir suplementos de vitamina D de origen vegetal, una alternativa particularmente interesante para dietas vegetarianas y veganas.
No basta con la nutrición: también importan el sabor y la apariencia
Una de las novedades más interesantes del proyecto es que la investigación ya está incorporando características propias de un producto dirigido al consumidor.
Las plantas están siendo cruzadas con tomates más dulces y con frutos de apariencia rayada, con el objetivo de desarrollar finalmente el producto que será comercializado bajo el nombre “Sunshine”, una referencia tanto a su aspecto como a la estrecha relación entre la luz solar y la vitamina D.
Para Mionki, esta etapa es fundamental porque una innovación nutricional también debe competir por las preferencias de quienes compran y consumen el alimento.
«Estos atributos para el consumidor —el aspecto y el sabor— son fundamentales», afirma Brenda. «Contamos con un descubrimiento científico que podría tener un impacto positivo en la salud de la sociedad a través de productos como sopas y salsas; sin embargo, en lo que respecta a la fruta en sí, el aspecto y el sabor son decisivos para la elección del consumidor. Gracias a su aspecto radiante —que recuerda a la luz del sol—, la gente sabrá al instante que se trata de tomates con vitamina D. El tomate se consume en la mayoría de las culturas del mundo: es económico y sabroso, y nosotros lo estamos haciendo aún más saludable».
Del invernadero a un estudio en personas
El paso siguiente ha sido comprobar si el aumento del contenido nutricional del tomate se traduce efectivamente en una mayor disponibilidad de vitamina D para quienes lo consumen.
Para ello, el Quadram Institute, junto al John Innes Centre y otras instituciones británicas, puso en marcha el estudio ViTaL-D.
El protocolo oficial corresponde a un ensayo piloto de 21 días, aleatorizado, doble ciego, controlado y con cuatro grupos, diseñado para evaluar personas adultas con niveles bajos de vitamina D. El estudio contempla 76 participantes, quienes consumieron diariamente una porción de sopa correspondiente a uno de cuatro tratamientos: tomate biofortificado con provitamina D, tomate biofortificado convertido a vitamina D mediante UV, tomate convencional o tomate convencional suplementado con vitamina D.
Durante la intervención se registró también la exposición de los participantes a la radiación ultravioleta, junto con muestras sanguíneas y antecedentes dietarios, para poder separar el posible efecto del alimento de otras fuentes de vitamina D.
El reclutamiento ya se encuentra cerrado. En mayo de 2026, Quadram informó que los participantes habían completado el consumo diario de sopa durante tres semanas y que los investigadores estaban analizando los resultados. Hasta la revisión de las fuentes oficiales realizada para esta nota, los resultados finales sobre la biodisponibilidad todavía no han sido publicados.
Eso significa que todavía no puede afirmarse que comer estos tomates eleve efectivamente la vitamina D sanguínea: precisamente esa es la pregunta que el estudio busca responder.
Del ensayo a un potencial producto comercial
El proyecto también comenzó recientemente su transición regulatoria.
El 27 de agosto de 2026, el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales de Inglaterra (Defra) publicó la confirmación correspondiente al aviso de comercialización PBM/26/SOLY/001, que reconoce al tomate dentro del sistema inglés para organismos obtenidos mediante mejoramiento de precisión. La documentación oficial confirma que se trata de Solanum lycopersicum modificado mediante CRISPR-Cas9 para alterar Sl7-DR2 y aumentar la acumulación de provitamina D3.
El hito, sin embargo, no equivale todavía a una autorización para vender el tomate como alimento. El proyecto debe completar el procedimiento correspondiente ante la Food Standards Agency antes de que los frutos puedan comercializarse para consumo humano en Inglaterra. El John Innes Centre identifica precisamente esa autorización como uno de sus próximos pasos.
Una historia de mejoramiento que sigue avanzando

La propia historia del John Innes Centre permite dimensionar el cambio tecnológico. La institución trabaja con tomates desde sus primeras décadas como centro hortícola y durante los años treinta participó en el desarrollo de variedades capaces de crecer al aire libre bajo las condiciones británicas.
Décadas después, el grupo de Cathie Martin desarrolló también el conocido tomate morado GM (o transgénico), biofortificado con antocianinas mediante la incorporación de genes de boca de dragón y posteriormente comercializado en Estados Unidos.
El tomate “Sunshine” representa un capítulo diferente: en lugar de introducir genes de otra especie, utiliza edición genética para modificar de manera dirigida una ruta metabólica que ya existe naturalmente en el tomate. El objetivo final es convertir un alimento cotidiano en una fuente vegetal adicional de un micronutriente cuya obtención desde la dieta puede resultar especialmente limitada para algunos grupos de la población.
Si los resultados de ViTaL-D confirman que esa vitamina es efectivamente biodisponible y el producto completa las restantes etapas regulatorias, el proyecto habrá recorrido en pocos años un camino particularmente poco habitual para una innovación vegetal: desde una modificación precisa del metabolismo de una planta hasta su evaluación directa como alimento en personas.

