
Un ensayo de campo de Corteva en Inglaterra consiguió adelantar entre dos y tres grupos de madurez una soya originalmente adaptada al sur de Europa mediante la edición de apenas tres genes que reprimen la floración. El resultado podría facilitar el cultivo de variedades productivas en latitudes más frías y contribuir, en el futuro, a reducir la fuerte dependencia británica de la soya importada.
ChileBio / 8 de septiembre, 2026.- Un ensayo de campo realizado por Corteva Agriscience en Inglaterra está mostrando hasta qué punto la edición genética puede acelerar la adaptación de los cultivos a nuevos ambientes.
Según reportó AgNavigator tras visitar el ensayo de Corteva en Wellesbourne, Warwickshire, plantas de soya editadas genéticamente lograron florecer y avanzar hacia la madurez considerablemente antes que el material convencional utilizado como comparación, superando incluso las expectativas de los investigadores.
La diferencia podía apreciarse directamente en el campo: mientras las plantas editadas ya presentaban vainas completamente desarrolladas y comenzaban su proceso natural de senescencia, las plantas convencionales seguían mostrando vainas mucho más pequeñas.
Para Frank Röber, responsable de Breeding Alliances para Europa de Corteva, quien conversó con AgNavigator durante el ensayo, el comportamiento de las plantas resultó particularmente llamativo porque era la primera vez que observaba en Europa estas líneas editadas creciendo en condiciones reales de campo. El resultado, señaló, fue incluso mejor de lo que esperaba.
El ensayo representa la culminación de un proyecto de prueba de concepto iniciado hace aproximadamente cinco años en colaboración con el instituto francés INRAE.
Una parte importante del trabajo inicial de edición genética fue desarrollada por la entonces estudiante de doctorado Manon Monfort, algo que Röber destacó como ejemplo de que este tipo de estrategia puede desarrollarse sin requerir necesariamente equipos de decenas de investigadores.
El trabajo doctoral de Monfort estuvo precisamente enfocado en caracterizar y editar la red genética que controla la floración de la soya para generar variedades precoces mejor adaptadas al cultivo en Europa.
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El gran obstáculo: hacer que la soya madure suficientemente temprano
La soya es una especie especialmente sensible al fotoperiodo, es decir, a la duración relativa del día y la noche. Esta característica determina en gran medida dónde puede cultivarse exitosamente una determinada variedad.
Por esta razón, las variedades de soya se clasifican en diferentes grupos de madurez, asociados a las regiones y latitudes donde pueden completar adecuadamente su ciclo.
El material genético utilizado como punto de partida en el proyecto pertenecía al grupo de madurez 3, correspondiente a variedades apropiadas para regiones más cálidas y meridionales de Europa, como Italia.
Para las condiciones británicas, sin embargo, esas plantas maduran demasiado tarde.
Una producción comercial de soya en Reino Unido requeriría normalmente variedades mucho más precoces, pertenecientes a los grupos de madurez 00 o incluso 000.
En lugar de intentar reconstruir durante años una variedad precoz mediante cruzamientos sucesivos, el equipo se concentró directamente en los genes responsables de controlar el momento de la floración.

Tres genes fueron suficientes para saltar hasta tres grupos de madurez
La red genética que controla la floración de la soya está relativamente bien caracterizada y comprende diversos genes que actúan como represores o supresores de la floración.
El principio aplicado por los investigadores fue conceptualmente sencillo: inactivar selectivamente algunos de esos frenos genéticos para permitir que las plantas iniciaran antes su floración y, en consecuencia, adelantaran su ciclo reproductivo.
La documentación oficial del ensayo señala que se utilizó una estrategia CRISPR-Cas9 multiplex para generar mutaciones tipo SDN1 en genes represores de la floración. Las modificaciones corresponden a pequeñas deleciones de entre 2 y 17 pares de bases, y se evaluaron distintas combinaciones que afectaban entre tres y cinco genes.
Las plantas seleccionadas fueron además analizadas para confirmar la ausencia de secuencias plasmídicas no deseadas utilizadas durante el proceso de edición.
Y los resultados en campo fueron notables.
“Saltamos dos o tres grupos de madurez editando solo tres genes”, explicó Röber.
El efecto no fue simplemente incremental. Una de las líneas en que se habían editado solo tres genes terminó madurando significativamente antes que otra línea que acumulaba cinco ediciones.
Ese resultado sorprendió al equipo y muestra que, en redes genéticas complejas, aumentar el número de genes modificados no necesariamente produce un efecto proporcionalmente mayor. También refuerza la necesidad de comprender qué combinaciones específicas generan el fenotipo agronómico más favorable.
Los científicos ya han identificado numerosos genes represores involucrados en la red de floración de la soya, lo que abre múltiples combinaciones potenciales para ajustar con mayor precisión la duración del ciclo.
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La diferencia se veía directamente en las vainas
Para Corteva, una de las demostraciones más convincentes no provino de una medición molecular o de laboratorio, sino simplemente de comparar las plantas creciendo lado a lado.
Las líneas editadas más precoces ya habían desarrollado vainas completamente llenas, mientras que las plantas convencionales todavía presentaban vainas pequeñas.
Además, las plantas editadas habían comenzado a senescer, un proceso normal que ocurre cuando el cultivo se aproxima al final de su ciclo y a la madurez de cosecha.
La diferencia visual era tan marcada que, según Röber, resultaba evidente incluso para visitantes que no fueran especialistas en mejoramiento vegetal.
Sin embargo, la floración temprana por sí sola no garantiza que una nueva variedad sea comercialmente competitiva. Todavía es necesario determinar cómo estas modificaciones afectan variables fundamentales como la madurez final y el rendimiento.
Por eso, la siguiente etapa del proyecto será evaluar el material en cinco localidades experimentales de Estados Unidos, donde se podrá medir su desempeño de manera más completa.
Bajo las condiciones del ensayo británico, el material experimental tampoco puede avanzar simplemente hacia una producción convencional de semilla para comercialización. Las plantas de precisión utilizadas en ensayos de investigación deben mantenerse fuera de las cadenas comerciales de alimentos, alimento animal y semillas mientras no cuenten con las autorizaciones correspondientes.
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Preservar una variedad productiva, pero hacerla más precoz
El ensayo aborda además uno de los grandes desafíos históricos del mejoramiento de soya.
Tradicionalmente, para trasladar el alto potencial productivo de una variedad tardía hacia regiones más septentrionales, los mejoradores realizan cruzamientos entre materiales tardíos de buen rendimiento y variedades tempranas.
Después deben seleccionar durante varias generaciones aquellos descendientes que logren combinar simultáneamente ambos atributos: precocidad y alto rendimiento.
El problema es que, durante ese proceso, se recombinan miles de genes y pueden perderse características favorables presentes en la variedad original.
La edición genética permite seguir una ruta diferente.
“Con edición genética, podemos hacer precoz una variedad tardía de buen rendimiento”, resumió Röber.
En otras palabras, si una variedad ya posee una combinación genética de alto desempeño agronómico, es posible modificar específicamente los componentes de la red que determinan cuándo florece, conservando gran parte del resto de su genética.
Para Corteva, esto abre la posibilidad de tomar germoplasma élite desarrollado para el sur de Europa y adaptar mucho más rápidamente su ciclo a ambientes situados más al norte.
¿Podría Reino Unido producir una parte de su propia soya?
El experimento tiene también una dimensión estratégica.
Aunque la soya es uno de los principales cultivos proteicos del mundo, su producción en Reino Unido continúa siendo extremadamente pequeña.
En 2019 se cultivaban alrededor de 2.000 hectáreas de soya en el país y posteriormente la superficie disminuyó considerablemente. Informes oficiales británicos siguen estimando una superficie cercana a ese orden de magnitud y reconocen que las condiciones agroclimáticas del país no son ideales para las variedades actualmente disponibles.
Al mismo tiempo, Reino Unido depende fuertemente de las importaciones de soya y harina de soya para abastecer su industria ganadera.
Una fracción importante termina en las dietas de cerdos, aves y bovinos, por lo que existe una demanda doméstica considerable de proteína vegetal.
Desarrollar variedades capaces de madurar de manera confiable bajo las condiciones británicas podría, en consecuencia, crear una nueva alternativa para los agricultores y aumentar la resiliencia de las cadenas locales de suministro.
También permitiría diversificar las rotaciones agrícolas.
La soya, como otras leguminosas, posee además la capacidad de establecer simbiosis con bacterias que fijan nitrógeno atmosférico, disminuyendo sus requerimientos de fertilizantes nitrogenados y aportando beneficios potenciales dentro de los sistemas de rotación y para la salud del suelo.
Esto resulta especialmente relevante en un escenario donde el costo del nitrógeno continúa siendo una preocupación importante para los productores.
Reino Unido ya cultiva otras especies proteicas, particularmente arvejas y habas, por lo que una soya adaptada a ciclos más cortos podría eventualmente incorporarse a sistemas agrícolas que ya utilizan leguminosas.
Inglaterra ofrece un escenario regulatorio diferente para la edición genética
El ensayo también refleja los cambios regulatorios introducidos recientemente en Inglaterra.
La Genetic Technology (Precision Breeding) Act 2023 y las regulaciones que entraron posteriormente en operación establecieron una ruta diferenciada para determinadas plantas obtenidas mediante mejoramiento de precisión.
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En abril de 2026, las autoridades británicas publicaron precisamente la notificación correspondiente a este ensayo de soya. El registro identifica a UK SEEDSCO Ltd. como responsable de la liberación y a Corteva Agriscience UK Limited como organización participante.
El objetivo declarado ante la autoridad fue desarrollar soya de floración temprana con mayor capacidad de adaptación a las condiciones de crecimiento de las latitudes más altas de Europa.
Según Röber, el procedimiento para desarrollar el ensayo en Wellesbourne resultó comparativamente sencillo bajo el nuevo sistema inglés. Para las liberaciones experimentales que cumplen los criterios de precision breeding, los desarrolladores deben notificar a Defra y cumplir medidas destinadas, entre otras cosas, a impedir que el material experimental ingrese prematuramente a las cadenas comerciales de alimentos o alimento animal.
“La regulación que tenemos en el Reino Unido funciona muy bien”, dijo Röber. “Solo tienes que enviar una carta a Defra, contarles el plan que tienes y luego puedes realizar la prueba”.
A medida que el Reino Unido y la UE avanzan hacia una cooperación más estrecha en virtud de un próximo acuerdo sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, el ensayo destaca los beneficios de innovación que actualmente permite la flexibilidad regulatoria de Gran Bretaña
