
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos determinó que el castaño americano Darling 54, desarrollado mediante ingeniería genética para tolerar el devastador tizón del castaño, no representa un riesgo de plaga vegetal mayor que su contraparte convencional. El hito abre una nueva etapa para un proyecto que busca recuperar una especie que alguna vez dominó amplias zonas de los bosques del este de Norteamérica, aunque todavía quedan pasos regulatorios antes de su distribución generalizada.
ChileBio / 14 de septiembre, 2026.- Durante buena parte de la historia de los bosques del este de Estados Unidos, el castaño americano (Castanea dentata) fue uno de sus árboles más característicos. En algunas zonas llegó a representar hasta una cuarta parte de los árboles, aportando alimento y hábitat para la fauna, además de madera y recursos para las comunidades rurales.
Pero a comienzos del siglo XX su historia cambió drásticamente.
La llegada desde Asia del hongo Cryphonectria parasitica, causante del llamado tizón del castaño, devastó las poblaciones de la especie hasta llevarla prácticamente a una situación de extinción funcional en buena parte de su antiguo rango.
Más de un siglo después, la biotecnología podría contribuir a revertir parte de esa pérdida.
El Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos —USDA-APHIS— anunció el 27 de agosto de 2026 que el castaño americano Darling 54, desarrollado por investigadores de la State University of New York College of Environmental Science and Forestry (SUNY ESF), dejaría de estar regulado por la agencia bajo las normas federales aplicables a determinados organismos obtenidos mediante ingeniería genética. El cambio de estatus comenzó a regir oficialmente el 28 de agosto de 2026.
Un árbol diseñado para convivir con la enfermedad
Darling 54 fue desarrollado para presentar una mayor tolerancia al tizón, no para ser completamente inmune a la enfermedad.
La estrategia genética empleada por los investigadores incorpora al castaño un gen proveniente del trigo que codifica la enzima oxalato oxidasa u OxO. El hongo responsable del tizón utiliza ácido oxálico como parte de su proceso de infección; la enzima ayuda a degradar ese compuesto y reduce el daño que permite al patógeno formar los cancros que terminan matando al tejido del árbol.
Se trata, por tanto, de una aproximación distinta a eliminar directamente al hongo: el objetivo es permitir que el árbol tolere mejor la infección y pueda sobrevivir, crecer y reproducirse en presencia del patógeno.
El equipo de SUNY ESF lleva décadas trabajando en esta estrategia, combinando ingeniería genética, cultivo de tejidos, mejoramiento y ensayos de campo con el objetivo final de reintroducir poblaciones genéticamente diversas del castaño americano dentro de su rango histórico.
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USDA concluye que no presenta un mayor riesgo como plaga vegetal
APHIS evaluó la información presentada por SUNY ESF, la evidencia científica disponible, su evaluación de riesgo de plagas vegetales y los comentarios públicos recibidos durante varios períodos de consulta.
La conclusión de la agencia fue que Darling 54 es improbable que represente un riesgo de plaga vegetal mayor que el castaño americano no modificado utilizado como comparación, y por ello dejó de estar sujeto a la regulación correspondiente de APHIS.
Andrew Newhouse, director del American Chestnut Research and Restoration Project de ESF, explicó que la conclusión implica que los árboles no muestran un comportamiento de dispersión que represente un daño adicional para bosques, agricultura o medioambiente. Como consecuencia de la resolución, Darling 54 deja de estar regulado por USDA-APHIS.
“Esto significa que los árboles no se dispersan de una manera que perjudique bosques, campos agrícolas o el ambiente”, explicó Newhouse.
La determinación constituye solamente una parte del sistema regulatorio estadounidense. No significa que los árboles puedan distribuirse inmediatamente de forma masiva al público.
SUNY ESF indica que todavía deben completarse revisiones adicionales, particularmente ante la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), antes de que los castaños puedan distribuirse ampliamente o utilizarse en programas de restauración a gran escala.
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Un proceso regulatorio iniciado hace más de seis años
El caso tiene además una historia regulatoria particularmente extensa.
APHIS recibió originalmente la solicitud de SUNY ESF en enero de 2020. La petición identificaba al árbol como Darling 58, nombre con el que el proyecto se hizo conocido internacionalmente durante años.
Sin embargo, análisis realizados en 2023 revelaron que prácticamente todos los descendientes evaluados en los cruzamientos originales provenían en realidad de otra línea desarrollada simultáneamente: Darling 54.
SUNY ESF atribuyó la situación a un error de etiquetado ocurrido en 2016. Darling 54 y Darling 58 habían sido transformados con los mismos transgenes y sobre el mismo fondo genético, pero la inserción se encontraba en una ubicación diferente del genoma.
La universidad informó la situación a las agencias reguladoras y presentó en 2024 una petición corregida con información molecular y experimental actualizada sobre Darling 54.
APHIS volvió entonces a evaluar los antecedentes y en junio de 2025 sometió la petición revisada y una nueva evaluación de riesgo a otro proceso de consulta pública. Finalmente, en agosto de 2026 determinó que los nuevos antecedentes no alteraban su conclusión sobre el riesgo de plagas vegetales.
Este antecedente resulta especialmente importante para interpretar el anuncio actual: la decisión de USDA se refiere específicamente al evento Darling 54, identificado como ESF-DAR54-4, y no a Darling 58.
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Un precedente para la biotecnología forestal
Según SUNY ESF, el caso representa un precedente poco común dentro de la regulación biotecnológica estadounidense.
Aunque numerosos cultivos agrícolas y algunas especies ornamentales modificadas genéticamente han atravesado procesos regulatorios similares, la institución señala que este sería el primer caso de un árbol forestal desarrollado expresamente con fines de restauración ambiental que alcanza este hito regulatorio en Estados Unidos.
Para Newhouse, Darling no pretende constituir por sí solo la solución definitiva al problema del castaño americano. El objetivo es incorporarlo dentro de una estrategia mucho más amplia de restauración, en la que serán necesarias múltiples líneas, diversidad genética, selección, cruzamientos y diferentes herramientas de conservación.
Los investigadores han observado, por ejemplo, que algunos Darling 54 pueden presentar en promedio un crecimiento más lento que sus parientes no transgénicos bajo determinadas condiciones. El programa ya está seleccionando árboles de mejor desempeño y desarrollando nuevas generaciones y estrategias de expresión del gen OxO.
La propia SUNY ESF enfatiza que Darling 54 no debe considerarse una solución independiente, sino una herramienta dentro de un esfuerzo de restauración mucho mayor.

De recuperar una especie a proteger muchas otras
El proyecto podría tener consecuencias más allá del castaño americano.
SUNY ESF investiga actualmente estrategias biotecnológicas dirigidas también a especies forestales amenazadas por enfermedades o plagas, incluyendo hayas, olmos y fresnos estadounidenses. La experiencia adquirida durante el desarrollo y la revisión regulatoria de Darling podría facilitar investigaciones futuras sobre otras especies forestales.
Newhouse destacó precisamente ese potencial: el avance obtenido con Darling no solo acerca al proyecto al objetivo de restaurar parte de las relaciones ecológicas perdidas con el castaño americano, sino que también aporta conocimiento para desarrollar herramientas destinadas a proteger otros árboles amenazados.
La decisión del USDA no significa que los bosques del este de Estados Unidos comenzarán inmediatamente a llenarse nuevamente de castaños. Pero sí elimina una de las principales barreras regulatorias que acompañó durante años al proyecto.
Y convierte a Darling 54 en uno de los casos más relevantes hasta ahora sobre una idea que comienza a ganar espacio en la conservación moderna: utilizar biotecnología no solo para producir alimentos o materias primas, sino también para intentar recuperar especies y funciones ecológicas perdidas.

