
Investigadores de la Universidad Sejong, en Corea del Sur, utilizaron edición genética con CRISPR-Cas9 para desarrollar líneas de soya cuyo perfil de ácidos grasos alcanza hasta un 90,2% de ácido oleico, frente al 20% habitual. Las plantas también presentaron una reducción superior al 40% en grasas saturadas y, en determinadas líneas, un aumento en la acumulación total de ácidos grasos en las semillas. El avance abre nuevas posibilidades para producir aceites vegetales de mayor estabilidad y calidad nutricional.
ChileBio / 17 de octubre de 2026.– ¿Se puede mejorar la calidad del aceite de soya editando con precisión unos pocos genes de la planta? Un equipo de científicos de Corea del Sur dio un paso importante hacia ese objetivo: mediante la tecnología de edición genética, obtuvo una soya editada con CRISPR cuyas semillas alcanzan hasta un 90,2% de ácido oleico en su perfil de ácidos grasos. En la soya convencional, esa proporción ronda el 20%.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad Sejong y la Universidad Dong-A, fue publicado en la revista científica Plant Biotechnology Journal. El trabajo no solo logró aumentar el ácido oleico: también identificó combinaciones genéticas capaces de reducir las grasas saturadas y, en determinadas líneas, incrementar la cantidad total de ácidos grasos almacenados en las semillas.
¿Por qué importa aumentar el ácido oleico?
El aceite de soya convencional es rico en ácidos grasos poliinsaturados, especialmente linoleico y linolénico. Son componentes nutricionalmente relevantes, pero sus estructuras químicas los hacen más susceptibles a la oxidación, un proceso que puede afectar el sabor y la calidad del aceite durante el almacenamiento y la cocción a altas temperaturas.
El ácido oleico, en cambio, es una grasa monoinsaturada presente también en el aceite de oliva. Una mayor proporción de este compuesto, junto con una menor presencia de grasas poliinsaturadas fácilmente oxidables, podría favorecer la estabilidad de un futuro aceite de soya y ampliar sus usos en la industria alimentaria. Desde el punto de vista nutricional, reemplazar parte de las grasas saturadas de la dieta por grasas insaturadas puede contribuir a mejorar el perfil de colesterol.
CRISPR permitió actuar sobre varios genes al mismo tiempo
La estrategia consistió en editar genes de dos familias que participan en la síntesis de grasas de la semilla. Los genes FAD2 intervienen en la conversión de ácido oleico en ácido linoleico, mientras que los genes FATB participan en rutas que favorecen la acumulación de determinados ácidos grasos saturados.
El desafío es que la soya posee varias copias de genes con funciones parcialmente redundantes, producto de antiguas duplicaciones de su genoma. Por ello, modificar solo una copia puede no ser suficiente para producir un cambio importante en el aceite.
Los investigadores comenzaron con los genes GmFAD2-1A y GmFAD2-1B, cuya inactivación elevó el porcentaje de ácido oleico hasta aproximadamente 83,3%. Posteriormente incorporaron ediciones adicionales en miembros de la familia GmFAD2-2 y en GmFATB1a, lo que permitió obtener líneas que superaron el 90%.
El mayor valor registrado fue 90,2%. En estas líneas con múltiples ediciones, los ácidos linoleico y linolénico representaron individualmente menos del 1% de los ácidos grasos, mientras que las grasas saturadas disminuyeron más de un 40% frente a las plantas de referencia.
“Este estudio identifica una combinación eficaz de genes FAD2 y FATB para aumentar simultáneamente el ácido oleico y reducir ácidos grasos oxidables y saturados”, señaló Hyun Uk Kim, profesor de la Universidad Sejong y uno de los responsables de la investigación.
Algunas semillas acumularon más ácidos grasos, pero eso no significa más cosecha
Uno de los hallazgos adicionales fue que determinadas líneas derivadas de la variedad experimental Williams82 acumularon entre un 7% y un 24% más de ácidos grasos totales que las plantas sin editar. El equipo también examinó los perfiles de 805 semillas individuales y detectó una asociación positiva, aunque débil, entre la proporción de ácido oleico y la acumulación total de ácidos grasos.
Este efecto no fue uniforme: en líneas obtenidas a partir del fondo genético Maverick, las diferencias en contenido total de ácidos grasos variaron entre generaciones. Además, en las evaluaciones de campo presentadas en el artículo, el rendimiento de semillas por planta no mostró diferencias estadísticamente significativas frente al control.
Una posible explicación: las semillas degradarían menos aceite
Para comprender por qué algunas líneas almacenaban más ácidos grasos, los científicos analizaron genes relacionados con la fabricación y degradación de lípidos. No encontraron un aumento consistente en la actividad de genes vinculados directamente con la síntesis de triacilglicéridos. Sí observaron una menor expresión de SDP1, un gen asociado con la degradación de grasas de reserva durante la maduración de las semillas.
Los resultados sugieren que los cambios en la composición de los ácidos grasos podrían estar asociados con una menor degradación de lípidos y, por lo tanto, con una mayor retención de reservas. El equipo también detectó modificaciones en rutas relacionadas con el ácido fosfatídico. Sin embargo, los propios autores consideran esta explicación una hipótesis que necesita experimentos adicionales para comprobar sus mecanismos.
Del desarrollo experimental a futuras variedades comerciales
Las líneas fueron estudiadas a lo largo de varias generaciones e incluyeron evaluaciones de campo en Corea del Sur. Esto aporta información valiosa sobre la estabilidad de los rasgos, pero todavía son necesarias pruebas agronómicas más amplias, mediciones directas de la calidad y estabilidad del aceite procesado y las evaluaciones regulatorias correspondientes antes de pensar en su comercialización.
Kim señaló, además, que una validación adicional del rendimiento y de la estabilidad agronómica permitiría determinar si estos materiales pueden emplearse en el desarrollo de variedades destinadas a la producción de aceites de mayor valor y a fortalecer el suministro local de materias primas alto oleico.
Un nuevo avance en una trayectoria que ya llegó al mercado
La obtención de soya con alto contenido de ácido oleico ya tiene antecedentes comerciales. En 2019, comenzó a comercializarse en Estados Unidos un aceite obtenido a partir de soya editada genéticamente, con alrededor de un 80% de ácido oleico.
Lo novedoso del trabajo coreano es la combinación de múltiples genes que permitió superar el umbral del 90% y, al mismo tiempo, reducir grasas saturadas. La investigación amplía las herramientas disponibles para el mejoramiento genético de cultivos oleaginosos y muestra cómo la edición de precisión puede utilizarse para modificar características relevantes para la industria alimentaria.

