Un análisis genómico de 558 tomates, desde formas silvestres hasta cultivares modernos, reconstruyó cómo siglos de domesticación y mejoramiento modificaron azúcares, ácidos y compuestos aromáticos. El estudio identificó 337 regiones genéticas relacionadas con el sabor y un nuevo gen, Sl-LIP100, que ayuda a explicar por qué algunas variantes aromáticas favorecidas durante la domesticación disminuyeron posteriormente en tomates modernos.

