Plantas jóvenes de arroz y tabaco junto a una representación molecular de un retrotransposón R2 insertando una secuencia genética en el genoma vegetal.

Científicos convierten un “gen saltarín” en herramienta para desarrollar rasgos agrícolas complejos

Estrategia modular de administración de dos componentes para la ingeniería del genoma vegetal. Crédito: Nature Biotechnology (2026). DOI: 10.1038/s41587-026-03181-6

Investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá, en Arabia Saudita, adaptaron los retrotransposones R2 para insertar secuencias genéticas de varios miles de bases en sitios específicos del genoma de plantas, sin generar cortes de doble hebra en el ADN. Probado en Nicotiana benthamiana y callos de arroz, el avance podría facilitar en el futuro el apilamiento de genes y el desarrollo de rasgos agrícolas complejos, aunque todavía debe superar importantes desafíos para producir plantas regeneradas con inserciones estables.

ChileBio / 2 de agosto, 2026.– Agregar un gen completo al genoma de una planta sigue siendo considerablemente más difícil que desactivar o modificar un gen que ya está presente. Ahora, investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá —King Abdullah University of Science and Technology, KAUST—, en Arabia Saudita, presentaron una nueva estrategia que utiliza retrotransposones R2 para insertar fragmentos extensos de información genética en ubicaciones específicas del ADN vegetal.

El método fue ensayado en Nicotiana benthamiana, una planta emparentada con el tabaco ampliamente utilizada como modelo experimental, y en callos celulares de arroz. Los resultados, publicados en la revista Nature Biotechnology, constituyen la primera demostración en plantas de una estrategia de inserción dirigida basada en estos elementos genéticos móviles.

La innovación podría ampliar las capacidades actuales de la ingeniería genética vegetal. Entre sus posibles aplicaciones futuras se encuentran la incorporación coordinada de varios genes, la construcción de rutas metabólicas sintéticas, el desarrollo de cultivos con rasgos más complejos y el uso de plantas como plataformas para producir proteínas, medicamentos, vacunas u otros compuestos biológicos de alto valor.

Sin embargo, los investigadores advierten que se trata todavía de una prueba de concepto. Aunque lograron insertar las secuencias en tejidos vegetales y callos de arroz, no recuperaron plantas regeneradas de arroz que conservaran de manera estable las inserciones.

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Insertar genes sigue siendo un desafío

Herramientas como CRISPR han transformado la biotecnología al permitir introducir cambios dirigidos en el ADN. Son especialmente eficaces para desactivar genes, sustituir pequeñas secuencias o producir mutaciones específicas.

La incorporación precisa de genes completos es más compleja. Muchas estrategias dependen de generar un corte de doble hebra en el ADN y de que los mecanismos naturales de reparación de la célula integren posteriormente la nueva secuencia. En plantas, este proceso suele ser poco eficiente, especialmente cuando se intenta incorporar material genético de varios miles de pares de bases. También puede producir inserciones incompletas, reorganizaciones del genoma o resultados variables entre células.

Este obstáculo es relevante porque algunos rasgos agrícolas no dependen de un solo cambio genético. Una mayor tolerancia al calor, la sequía o las enfermedades, por ejemplo, puede requerir la acción coordinada de varios genes y de sus correspondientes secuencias reguladoras.

Lo mismo ocurre en biología sintética, donde los investigadores buscan instalar circuitos genéticos completos o rutas metabólicas capaces de producir nuevos compuestos.

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Convertir un “gen saltarín” en herramienta biotecnológica

Para enfrentar este problema, el equipo de KAUST recurrió a los retrotransposones R2, elementos genéticos móviles que normalmente se desplazan mediante un intermediario de ARN.

Los retrotransposones R2 poseen una marcada preferencia por una región determinada del ADN ribosomal, conocida como ADN ribosomal 28S. Estas regiones se encuentran repetidas muchas veces en el genoma y han sido propuestas como posibles “refugios genómicos” o safe harbors: lugares donde podría incorporarse información genética adicional con un menor riesgo de interrumpir genes esenciales.

El sistema adaptado por los investigadores utiliza una proteína R2 y una molécula de ARN que contiene la secuencia genética que se desea incorporar. La endonucleasa de R2 realiza una muesca específica en una sola hebra del ADN ribosomal. Luego, su actividad de transcriptasa reversa copia la información contenida en el ARN y la convierte directamente en ADN en el sitio de inserción.

Por ello, el procedimiento evita la generación simultánea de cortes de doble hebra y reduce su dependencia de las vías celulares de reparación que utilizan otras tecnologías de inserción genética. No obstante, el artículo científico señala que todavía se necesitan análisis más amplios para evaluar completamente su precisión, estabilidad y posibles efectos fuera del sitio objetivo.

Inserciones de varios miles de bases

En Nicotiana benthamiana, el equipo insertó una unidad genética funcional de aproximadamente 2,2 kilobases que incluía el gen de la proteína verde fluorescente, GFP, junto con las secuencias necesarias para controlar su expresión.

En los productos de inserción recuperados y analizados, hasta el 75 % contenía la secuencia completa. El porcentaje restante presentó distintos grados de truncamiento en uno de los extremos, probablemente debido a que la transcripción reversa no siempre logró copiar completamente la molécula de ARN.

Los análisis de mapeo detectaron las inserciones en la región esperada del ADN ribosomal y no encontraron inserciones fuera de ese objetivo en las muestras estudiadas. Sin embargo, los propios autores enfatizan que serán necesarias evaluaciones genómicas más exhaustivas y estudios a través de varias generaciones.

Los científicos también utilizaron el sistema para instalar una estructura de aproximadamente 0,6 kilobases que contenía tres “plataformas de aterrizaje” para recombinasas: attP, lox66 y FRT.

Estas pequeñas secuencias de reconocimiento podrían actuar como puntos de conexión para incorporar posteriormente genes adicionales mediante recombinasas específicas. En otras palabras, permitirían preparar anticipadamente una posición del genoma para sumar sucesivas piezas genéticas de manera modular.

En los ensayos, la frecuencia de inserciones intactas de estas plataformas alcanzó hasta un 53 %. El objetivo de largo plazo es facilitar el apilamiento de varios genes en un mismo sitio genómico, evitando que queden dispersos aleatoriamente por diferentes cromosomas.

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Un sistema basado en ARN y de actividad transitoria

Una característica adicional del estudio fue el desarrollo de una estrategia de dos componentes.

La proteína R2 se producía dentro de la planta, mientras que la secuencia genética donante era entregada temporalmente mediante virus de ARN recombinantes. De esta forma, los investigadores aumentaron la disponibilidad del ARN que debía copiarse, sin introducir un molde de ADN donante persistente.

Esta modalidad busca que el sistema actúe bajo un modelo que los autores describen como “golpear y salir”: activar temporalmente la maquinaria R2, producir la inserción y detener después su actividad.

El control temporal será fundamental, porque una expresión prolongada de R2 podría alterar demasiadas copias del ADN ribosomal y afectar la viabilidad de las células durante la regeneración de las plantas.

Pruebas en arroz

El equipo trasladó posteriormente la tecnología al arroz, Oryza sativa, utilizando callos celulares de la variedad Nipponbare.

Los investigadores lograron insertar en el ADN ribosomal una unidad genética completa de aproximadamente 2,38 kilobases que confería resistencia a kanamicina. Las variantes R2 más activas produjeron callos positivos con frecuencias superiores al 17 % y al 12 %, respectivamente.

La integración dirigida fue confirmada mediante PCR de las uniones, secuenciación Sanger y análisis Southern blot. Los científicos también insertaron en callos de arroz una versión sintética del gen ALS, diseñada para conferir resistencia a herbicidas.

Estos resultados muestran que la maquinaria puede funcionar en el genoma de un cereal y transportar secuencias genéticas completas. No obstante, todavía no representan la obtención de una variedad de arroz modificada y viable.

En más de 500 plantas T0 regeneradas, los investigadores no detectaron la inserción en el ADN ribosomal. En otro ensayo, algunos brotes resistentes a herbicidas se desarrollaron durante el cultivo de tejidos, pero las plántulas procedentes de callos con inserciones confirmadas no lograron establecerse después de ser transferidas al suelo.

Los autores plantean que la actividad prolongada de R2 y la alteración repetida del ADN ribosomal podrían generar una presión perjudicial durante la regeneración. También es posible que únicamente hayan sobrevivido las células en las que la proteína R2 fue silenciada o dejó de funcionar.

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Una herramienta complementaria en fitomejoramiento moderno

La propuesta no busca sustituir a tecnologías de vanguardia como la edición genética con CRISPR, sino complementar el conjunto de herramientas disponibles para la “caja” de ingeniería genética vegetal moderna.

Mientras CRISPR destaca en la producción de mutaciones dirigidas y cambios relativamente pequeños, los retrotransposones R2 podrían especializarse en la incorporación de unidades genéticas más extensas mediante moldes de ARN y sin cortes de doble hebra.

El sistema también podría combinarse con recombinasas. R2 instalaría primero las plataformas de aterrizaje en un sitio definido y, posteriormente, otras enzimas podrían utilizarlas para incorporar genes adicionales. Esta arquitectura modular sería especialmente útil para construir rasgos que requieren varios genes o rutas metabólicas completas.

“Los futuros avances en biotecnología vegetal dependerán no solo de nuestra capacidad para editar genes, sino también de nuestra capacidad para añadir instrucciones genéticas completamente nuevas”, afirmó Magdy Mahfouz, profesor de Bioingeniería de KAUST y autor principal del estudio.

“Este trabajo aborda uno de los mayores desafíos técnicos del campo y entrega a los investigadores una nueva herramienta para construir rasgos biológicos más sofisticados en plantas, incluidos rasgos que podrían permitir que las plantas funcionen como plataformas escalables de producción de terapias y otros productos biológicos de alto valor”, agregó el investigador.

De la prueba de concepto a plantas completas

Antes de que esta tecnología pueda emplearse rutinariamente en mejoramiento vegetal, será necesario optimizar el diseño de las moléculas de ARN donantes, limitar estrictamente el periodo de actividad de R2 y mejorar los protocolos de regeneración.

También deberán estudiarse la estabilidad de las inserciones, su expresión, su transmisión a la descendencia y el comportamiento de las secuencias incorporadas dentro de las regiones repetitivas del ADN ribosomal.

El trabajo demuestra que es posible reutilizar retrotransposones R2 para escribir fragmentos genéticos de varios miles de bases en sitios específicos del genoma vegetal. El siguiente desafío será convertir esa capacidad experimental en plantas completas, fértiles y capaces de transmitir de manera estable los nuevos genes a las siguientes generaciones.

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