La segunda economía del mundo incluyó la inteligencia artificial y la edición genética entre las tecnologías prioritarias de su planificación agrícola 2026-2030, con el objetivo de aumentar la productividad, desarrollar cultivos más resistentes y reducir su dependencia de las importaciones en un escenario de creciente presión climática y geopolítica.
ChileBio / 24 de junio, 2026.- China anunció un ambicioso plan para modernizar su agricultura durante los próximos cinco años, apostando por tecnologías como la inteligencia artificial y la edición genética para aumentar la productividad y fortalecer su seguridad alimentaria. La estrategia busca desarrollar cultivos más resistentes, eficientes y adaptados a condiciones cambiantes, en un contexto en el que alimentar a una población creciente se ha convertido en un desafío cada vez más complejo.
La seguridad alimentaria, es decir, que haya alimentos suficientes, accesibles y de calidad para la población, se ha convertido en una prioridad estratégica para los países. En un escenario marcado por fenómenos climáticos extremos, restricciones comerciales y una creciente presión sobre los sistemas agrícolas, garantizar la disponibilidad de alimentos dejó de ser exclusivamente un desafío productivo para convertirse también en uno tecnológico.
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Es en este contexto que China dio una señal clara. El país incorporó la inteligencia artificial y la edición genética como tecnologías prioritarias en su planificación agrícola para el período 2026-2030, con el objetivo de aumentar el rendimiento de los cultivos, mejorar su resistencia a las enfermedades y reducir la dependencia de las importaciones. La meta es que los avances tecnológicos representen una proporción cada vez mayor de la producción agrícola nacional.
La edición genética permite modificar con precisión genes específicos de una planta para potenciar características deseables, como la tolerancia a la sequía, la resistencia a plagas o la mayor productividad. A diferencia de otras técnicas, permite realizar mejoras sin incorporar ADN de otras especies, lo que ha impulsado y facilitado su adopción en distintos países. China ya ha otorgado certificados de seguridad para cultivos editados genéticamente, incluidos soya, trigo, maíz y arroz.
La inteligencia artificial, en tanto, está siendo incorporada para acelerar el mejoramiento vegetal, detectar enfermedades, optimizar el uso de recursos y proyectar rendimientos agrícolas. La combinación entre biotecnología y herramientas digitales está dando origen a una nueva generación de agricultura basada en datos y precisión.
Para el Dr. Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, este anuncio refleja cómo la adopción de innovaciones tecnológicas se está convirtiendo en un eje central para hacer que la agricultura sea más sostenible.
“Cada vez más países están incorporando biotecnología e inteligencia artificial para enfrentar desafíos agrícolas cada vez más complejos. Estas herramientas permiten desarrollar, en tiempos considerablemente menores que con métodos tradicionales sin biotecnología, cultivos más resilientes, productivos y adaptados a condiciones cambiantes, lo cual es especialmente relevante en un contexto de creciente variabilidad climática y presión sobre los sistemas alimentarios. La innovación agrícola ya no es solo una oportunidad de desarrollo, sino también una estrategia de seguridad alimentaria”, señala.
El caso chino refleja una tendencia más amplia: las semillas y la biotecnología se están convirtiendo en activos estratégicos para las naciones. Mientras algunos países aceleran la adopción de nuevas tecnologías agrícolas, la discusión global ya no gira únicamente en torno a cuánto producir, sino a cómo hacerlo de manera más eficiente, sostenible y resiliente.
Para países como Chile, donde la producción enfrenta desafíos asociados a sequías, nuevas plagas y eventos climáticos extremos, la experiencia internacional ofrece una señal clara: la capacidad de innovar en la agricultura, junto con la adopción de nuevas tecnologías como la edición genética y la IA, será cada vez más determinante para la competitividad y la seguridad alimentaria del futuro.

