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Papas que no se oscurecen: edición genética chilena para reducir el desperdicio de alimentos

En Chile, donde cada año se desperdician más de 5 millones de toneladas de alimentos —en gran parte debido a problemas de apariencia y calidad postcosecha—, un equipo de investigadores del INIA ha dado un paso significativo para enfrentar este desafío en uno de los productos más consumidos del país: la papa. Mediante edición genética, lograron desarrollar líneas de papa con oxidación retardada tras el corte, incluyendo variantes libres de transgenes. Este avance abre una nueva vía para reducir pérdidas a lo largo de toda la cadena, desde la cosecha hasta los platos de los consumidores, contribuyendo a una agricultura y alimentación más eficientes y sostenibles.

ChileBio / 25 de enero, 2026.- El oscurecimiento de la papa tras el corte, el pelado o durante el almacenamiento es un problema conocido tanto por la industria como por los consumidores. Aunque no afecta la inocuidad del alimento, sí deteriora su apariencia, reduce su valor comercial y provoca importantes pérdidas a lo largo de toda la cadena productiva. En un país donde la papa es un alimento básico y estratégico, enfrentar este fenómeno representa una oportunidad concreta para mejorar eficiencia, sostenibilidad y seguridad alimentaria.

Un reciente estudio publicado en la revista científica Agronomy da cuenta de un avance relevante en esta dirección. Investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), liderados por el científico Humberto Prieto, lograron desarrollar papas con oxidación retardada (tras cortarse) mediante edición genética de precisión sin incorporar genes externos. Este trabajo se enmarca en el proyecto institucional “Mejoramiento genético estratégico en INIA: desarrollo de plataformas de edición génica basadas en CRISPR/Cas”, orientado a modernizar las herramientas de mejoramiento vegetal en Chile.

Qué causa el oscurecimiento y cómo se abordó

El pardeamiento en la papa se produce cuando la enzima polifenol oxidasa (PPO) entra en contacto con oxígeno tras un daño mecánico, oxidando compuestos fenólicos y generando pigmentos oscuros. Dentro de esta familia de enzimas, el gen PPO2 cumple un rol clave en el oscurecimiento visible del tubérculo.

En este estudio, el equipo de INIA utilizó la herramienta CRISPR-Cas9, basada en un sistema transitorio derivado de geminivirus, para editar de forma precisa el gen PPO2 en la variedad chilena Yagana-INIA, una papa adaptada a las condiciones agroclimáticas nacionales. El objetivo fue reducir la actividad de la enzima responsable del pardeamiento, sin alterar otras características productivas de la variedad.

Tras el proceso de edición, se obtuvieron diversas líneas candidatas que fueron evaluadas mediante pruebas bioquímicas y visuales. Los tubérculos fueron cortados y expuestos al aire durante 24 horas, comparando su comportamiento con el de papas no-editadas.

Dos líneas destacaron por sus resultados: las denominadas línea 286 y línea 108, ambas con una reducción significativa del oscurecimiento respecto del control. En particular, una de estas líneas (286) presentó además una característica clave desde el punto de vista regulatorio: no mostró presencia de secuencias de Cas9 ni de ADN del vector utilizado, confirmando que se trata de una papa editada sin transgenes.

Este punto es fundamental, ya que demuestra que es posible introducir mejoras precisas en cultivos vegetativamente propagados, como la papa, sin dejar material genético externo en el producto final.

papa editada INIA
La imagen muestra rodajas de papa recién cortadas (fila superior) y tras 24 horas de exposición al aire (fila inferior). La variedad tradicional Yagana presenta un marcado oscurecimiento con el paso del tiempo, mientras que las líneas desarrolladas mediante edición genética mantienen un color mucho más claro por el silenciamiento de la enzima PPO. Destaca especialmente la línea 286, editada libre de transgenes, que conserva mejor su apariencia. | Fuente: Prieto et al., 2026. Agronomy 16(2):216.

Reducir pérdidas y desperdicio, más allá del campo

Cuando se habla de pérdidas de alimentos, a menudo se piensa solo en lo que ocurre en el campo. Sin embargo, una proporción muy significativa del desperdicio ocurre después de la cosecha: durante el procesamiento, el transporte, la comercialización y el consumo final en la mesa.

Es por esto que la reducción del pardeamiento no es solo un rasgo estético. En la práctica, implica una mejora transversal en toda la cadena productiva. Para la industria procesadora, significa menor descarte durante el pelado y corte, mayor eficiencia en la producción de papas frescas mínimamente procesadas, congeladas o deshidratadas, y una menor dependencia de aditivos antioxidantes.

En etapas de transporte y almacenamiento, una papa menos sensible al daño mecánico mantiene mejor su calidad visual, tolera mejor la manipulación y prolonga su vida útil comercial. En el punto de venta, la apariencia más clara y estable se traduce en mayor aceptación del consumidor, menos rechazo en góndola y menores pérdidas económicas. Finalmente, en los hogares, productos que conservan mejor su aspecto tras ser cortados tienen más probabilidades de ser consumidos y no descartados a la basura.

Un estudio del año 2024 estima que en Chile se desperdician más de 5,2 millones de toneladas de alimentos al año, lo que equivale a cerca de un tercio de los alimentos disponibles para consumo humano, con un desperdicio per cápita de cerca de 295 kg por persona en ese año.

Comparando con la disponibilidad de alimentos, el mismo estudio estimó que el 68% de las frutas disponibles para la población fue descartado, mientras que las verduras y raíces (incluida la papa) presentaron tasas de descarte del 48% y 29%, respectivamente, respecto de lo disponible.

Estas cifras ilustran la magnitud del problema en Chile y contextualizan por qué innovaciones que reducen pérdidas postcosecha pueden tener un impacto significativo en la eficiencia del sistema alimentario y en la reducción del desperdicio a lo largo de la cadena de valor.

papa chilena editada genéticamente
La imagen muestra plantas de papa cultivadas en invernadero (fila superior) y los tubérculos cosechados (fila inferior) de la variedad Yagana y de distintas líneas desarrolladas mediante edición genética. Las plantas editadas presentan un crecimiento vigoroso y una producción de tubérculos comparable a la variedad original, demostrando que la edición genética orientada a reducir el oscurecimiento no afecta negativamente el desarrollo de la planta ni su rendimiento productivo. | Fuente: Prieto et al., 2026. Agronomy 16(2):216.

Edición genética: una herramienta probada y estratégica

El rasgo de reducción del pardeamiento no es nuevo en la biotecnología agrícola. Hace más de una década, la empresa estadounidense Simplot desarrolló una papa con oxidación retardada mediante silenciamiento por ARN, conocida comercialmente como Innate® potato, que se vende en Estados Unidos desde 2014. Sin embargo, ese enfoque corresponde a un organismo genéticamente modificado (OGM o transgénico) bajo las regulaciones de biotecnología.

Más cerca de nuestra región, el INTA-Balcarce en Argentina desarrolló hace algunos años la primera papa editada genéticamente de Latinoamérica, también con el rasgo de oxidación retardada. Posteriormente, el mismo grupo aplicó edición genética para reducir la acumulación de azúcares a bajas temperaturas (un problema clave durante el transporte y almacenamiento) y para mejorar tolerancia a sequía.

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Lo que distingue los a los avances logrados con edición genética de precisión, es que permite introducir cambios puntuales sin arrastrar genes externos, y hacerlo directamente sobre variedades comerciales adaptadas a su entorno. Esto es particularmente relevante en papa, un cultivo de propagación clonal, que no se autopoliniza y posee un genoma complejo (tetraploide), lo que dificulta enormemente la mejora mediante cruzamientos convencionales.

En el caso chileno, el logro de INIA se realizó sobre una variedad adaptada a nuestros suelos y condiciones productivas, y constituye una base concreta para incorporar este rasgo en los programas de mejoramiento de papa del instituto, acelerando la llegada de nuevas variedades mejoradas al sector productivo.

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Un camino regulatorio habilitado en Chile

El hecho de haber obtenido una línea editada sin transgenes tiene implicancias regulatorias clave. En Chile, este tipo de productos puede ser evaluado bajo el sistema de consulta regulatoria del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que determina caso a caso si una variedad editada esta libre de transgénicos en el producto final, quedando así fuera del alcance de la normativa de organismos genéticamente modificados (OGMs).

Hasta fines de 2025, más de 90 productos desarrollados mediante edición genética han sido sometidos a este proceso en Chile y han sido considerados fuera de la normativa OGM, permitiendo su avance a ensayos de campo y eventual comercialización como productos equivalentes a los obtenidos por mejoramiento convencional. A nivel global, esta cifra solo es superada por Estados Unidos quienes han dado luz verde a más de 200 productos editados a la fecha.

En este contexto, el desarrollo liderado por INIA se alinea plenamente con la trayectoria regulatoria chilena y posiciona a la edición genética como una herramienta concreta para generar innovación agrícola local, con impacto real en productividad, sostenibilidad y reducción del desperdicio alimentario.

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