Investigadores de Harvard y Stanford modificaron genéticamente bacterias marinas para acelerar la disolución de minerales que favorecen la captura de CO₂ atmosférico. La innovación aumentó 2,6 veces la velocidad de meteorización del olivino y permitió demostrar la remoción de carbono mediante biorreactores experimentales con agua de mar. El avance fue publicado en Nature Biotechnology.

