Un amplio estudio que combinó tres décadas de datos epidemiológicos y evidencia científica internacional entre países, vuelve a confirmar que no existe evidencia consistente de que los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados causen cáncer, alergias, toxicidad reproductiva u otras enfermedades crónicas.
ChileBio / 14 de marzo, 2026.- Durante décadas, los cultivos genéticamente modificados (o también llamados «transgénicos») han estado entre las tecnologías agrícolas más examinadas del mundo. Y ahora, un nuevo estudio vuelve a reforzar lo que ya han señalado repetidamente organismos científicos y sanitarios internacionales: no hay evidencia epidemiológica consistente que vincule el consumo de alimentos GM con riesgos relevantes para la salud humana.
La investigación, publicada en la revista GM Crops & Food, fue desarrollada por Ah Young Kim, Bora Lee, Da in Choi y Han Yong Lee, investigadores de la Chosun University y a Seoul National University, en Corea del Sur. El trabajo combinó una revisión exhaustiva de la literatura científica con un análisis comparativo de tendencias de enfermedad entre países, para evaluar si la introducción comercial de organismos genéticamente modificados coincidió con aumentos en enfermedades crónicas.
La conclusión fue clara: la evidencia actual no respalda vínculos causales consistentes entre el consumo de OGM y cáncer, toxicidad reproductiva, alergias u otras enfermedades crónicas.
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Una revisión amplia y un análisis entre países
Los autores revisaron estudios científicos y bases de datos internacionales de salud, incluyendo PubMed, Web of Science, además de estadísticas de organismos como la OMS, el Global Burden of Disease (GBD), GLOBOCAN, los CDC y el ECDC. A partir de ello, aplicaron análisis de tendencias temporales y modelos de regresión Joinpoint, una herramienta utilizada para detectar cambios significativos en la incidencia de enfermedades a lo largo del tiempo.
El estudio analiza literatura publicada entre 1996 y 2023, y para el componente epidemiológico usa series nacionales de incidencia entre 1990 y 2020, comparando en cada país ventanas de aproximadamente 10 a 20 años antes y después de la autorización de OGM cuando los datos lo permiten. Cabe destacar que el estudio también indica que las comparaciones y análisis Joinpoint se hicieron solo en países con datos continuos suficientes y con un año de autorización claramente definido, por lo que la cantidad efectiva de años antes/después no necesariamente es idéntica en todos los países
Los investigadores analizaron la evolución de enfermedades en países con distinta trayectoria regulatoria frente a los cultivos GM y evaluó si existía una coincidencia temporal entre la autorización comercial de estos productos y cambios en la incidencia de patologías. El resultado fue negativo: no se observó una alineación temporal consistente entre la autorización de OGM y aumentos en las tasas de enfermedad.
Incluso cuando los autores agruparon los resultados mediante meta-análisis de efectos aleatorios, encontraron patrones heterogéneos, con estimaciones que con frecuencia se solapaban con cero, lo que indica ausencia de una señal epidemiológica robusta.
Datos duros: más de 200 millones de hectáreas y casi 30 años de uso
Uno de los aspectos más relevantes del paper es que sitúa el análisis en el contexto real de adopción global de la tecnología. Los autores señalan que, al año 2023, la superficie global cultivada con OGM superaba los 200 millones de hectáreas, con una fuerte concentración en las Américas, que representan aproximadamente 70% a 80% del área total.
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Además, recuerdan que los cultivos GM se comercializan desde mediados de los años noventa. El primer cultivo GM aprobado para venta comercial en Estados Unidos fue el tomate Flavr Savr, autorizado por la FDA en 1994. Desde entonces, estos cultivos han sido utilizados a gran escala en distintos países, especialmente en especies como maíz, soya, algodón y canola.
Es decir, no se trata de una tecnología nueva ni marginal: hablamos de tres décadas de uso comercial, millones de hectáreas cultivadas y una exposición alimentaria masiva en numerosos mercados.
Qué enfermedades analizaron
El estudio evaluó tanto literatura epidemiológica como tendencias poblacionales relacionadas con distintas condiciones de salud. Entre ellas, los autores revisaron especialmente asociaciones con:
cáncer
alergias
toxicidad reproductiva
enfermedades crónicas
además de análisis específicos de incidencia en cáncer hepático, linfoma no Hodgkin, leucemia y mieloma múltiple.
En todos esos casos, la conclusión general fue la misma: no existe una asociación epidemiológica consistente entre OGM y enfermedad.
Por ejemplo, al analizar tendencias de incidencia de cáncer hepático en países como Corea del Sur, China, Sudáfrica, Estados Unidos, Australia, España, Brasil e India, los autores no encontraron evidencia de que la adopción de OGMs estuviera acompañada de aumentos de esta enfermedad. De hecho, en varios países las tasas se mantuvieron estables o incluso disminuyeron, lo que los investigadores atribuyen a factores mucho más plausibles, como vacunación, mejores tratamientos, programas de control de infecciones, diagnóstico más oportuno y mejoras en los sistemas de salud.
Lo mismo ocurrió con linfoma no Hodgkin, leucemia y mieloma múltiple: los patrones variaron entre países, pero no mostraron una sincronía compatible con una hipótesis de daño atribuible a la adopción de cultivos GM.

Herbicidas y transgénicos no son lo mismo
Uno de los aportes más importantes del artículo es que distingue entre la tecnología genética en sí misma y otros factores agrícolas que a veces se mezclan en el debate público.
Los autores explican que algunos de los pocos hallazgos “posibles” o “inconclusos” reportados en la literatura no apuntan a una toxicidad intrínseca de los cultivos GM, sino más bien a variables indirectas o de contexto, especialmente asociadas a patrones de uso de herbicidas en ciertos sistemas agrícolas de países en desarrollo. En otras palabras, parte importante de la controversia pública ha confundido el debate sobre ciertas prácticas agronómicas con el debate sobre la modificación genética como herramienta.
Esa distinción es crucial. Un cultivo genéticamente modificado no debe evaluarse por asociación ideológica o mediática, sino por sus características específicas y por la evidencia concreta acumulada sobre seguridad alimentaria, toxicología, alergenicidad y desempeño agronómico.
Una tecnología entre las más evaluadas de la historia agrícola
El trabajo también dialoga con una conclusión que ya ha sido respaldada por múltiples instituciones internacionales: los alimentos GM disponibles en el mercado no han mostrado efectos adversos comprobados en salud humana.
Los autores recuerdan que organismos como la OMS, la FAO, el Codex Alimentarius y la National Academies of Sciences de Estados Unidos han revisado durante años la evidencia disponible. En esa misma línea, la noticia publicada por The Western Producer sobre este estudio resume el hallazgo señalando que los investigadores surcoreanos no encontraron relación entre los cultivos GM en la cadena alimentaria y un mayor número de enfermedades crónicas, y que los temores persistentes sobre esta tecnología están fuertemente alimentados por desinformación, sesgos y mala percepción pública.
Lejos de debilitar la seguridad de la tecnología, este nuevo estudio vuelve a mostrar que los cultivos GM han sido sometidos a un nivel de escrutinio científico y regulatorio extraordinario. En la práctica, esto significa que los alimentos derivados de estos cultivos han sido evaluados con una profundidad que muchas veces supera la aplicada históricamente a variedades obtenidas por mejoramiento convencional.
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Más evidencia, no más temor
El mensaje de fondo del estudio es contundente: no hay respaldo epidemiológico consistente para afirmar que los OGM comercializados estén asociados a mayores riesgos de enfermedades crónicas en humanos.
Eso no significa que la ciencia deba dejar de estudiar la tecnología. Al contrario: los autores proponen seguir avanzando con mejores métricas de exposición individual, estudios de largo plazo y enfoques que distingan adecuadamente entre genética, manejo agronómico, dieta y factores ambientales. Pero sí significa que, con la evidencia disponible hoy, la hipótesis de que los alimentos GM son inherentemente peligrosos para la salud no está respaldada por los datos.
En un escenario global marcado por cambio climático, presión sobre los sistemas alimentarios, necesidad de producir más con menos recursos y urgencia por mejorar nutrición y resiliencia agrícola, este tipo de evidencia es especialmente valiosa. Reafirma que la biotecnología moderna puede evaluarse con rigor, sin mitos ni caricaturas, y que los cultivos genéticamente modificados deben ser juzgados por evidencia científica real.
Tras casi tres décadas de consumo global, cientos de millones de hectáreas cultivadas y una de las evaluaciones científicas más exhaustivas aplicadas a una tecnología agrícola, la evidencia disponible continúa mostrando que los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados no presentan riesgos adicionales para la salud humana.
En ese sentido, el nuevo estudio no inaugura una conclusión aislada, sino que se suma a un cuerpo amplio, acumulativo y convergente de evidencia: los cultivos genéticamente modificados actualmente autorizados son igual de seguros para el consumo que sus equivalentes convencionales, y en muchos casos han sido sometidos a una evaluación mucho más exigente.
Referencia del estudio
- Kim, A. Y., Lee, B., Choi, D. I., & Lee, H. Y. (2026). Genetically modified foods and human health: a comprehensive review and cross-national time-trend analysis. GM Crops & Food, 17(1), 2634489. https://doi.org/10.1080/21645698.2026.2634489

