
Australia y Nueva Zelanda aprobaron la comercialización de un tomate transgénico morado alto en antocianinas, compuestos antioxidantes asociados a beneficios para la salud y prevención del cáncer. Tras una evaluación regulatoria exhaustiva, ambos países se suman a Estados Unidos y Canadá en comercializar este innovador cultivo, que marca un nuevo hito en el desarrollo de alimentos biotecnológicos orientados directamente al consumidor.
ChileBio / 21 de enero, 2026.- Australia y Nueva Zelanda han dado luz verde a la aprobación comercial de un tomate transgénico morado, desarrollado para ofrecer un mayor contenido de antioxidantes beneficiosos para la salud y prevención contra el cáncer. La decisión marca un nuevo hito en la adopción regulatoria de cultivos genéticamente modificados (GM o transgénicos) con beneficios directos para el consumidor, y consolida una tendencia que ya se observa en América del Norte, donde este tomate ha mostrado una rápida aceptación comercial en Estados Unidos, además de «luz verde» comercial en Canadá el año pasado.
Un tomate distinto: qué lo hace morado y por qué importa
El tomate morado se caracteriza por su intenso color púrpura, resultado de la acumulación de antocianinas, un grupo de compuestos antioxidantes presentes de forma natural en frutos como los arándanos, moras y uvas. Estas moléculas han sido ampliamente estudiadas por su potencial rol en la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, incluyendo ciertos tipos de cáncer y afecciones cardiovasculares.
En palabras del profesor Phil Brewer (Universidad La Trobe), recogidas por SciMex (Science Media Centre Australia), la innovación consiste en “la transferencia de dos genes de la ruta de biosíntesis de antocianinas desde boca de dragón (snapdragon) hacia tomate”, lo que da como resultado un fruto con “mayor antocianina y propiedades de salud mejoradas”. Brewer recalca además que las antocianinas son antioxidantes naturales “seguros de comer” y que “tener más antocianinas en la dieta es saludable”.
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«Las antocianinas son beneficiosas para diversas afecciones médicas, como la protección contra enfermedades cardíacas y la mejora de la visión. Se asocian con efectos antiinflamatorios y anticancerígenos, y podrían ayudar a prevenir la obesidad y la diabetes», comenta Brewer.
A diferencia de los tomates convencionales (que contienen antocianinas en cantidades mínimas y, cuando aparecen, suelen concentrarse principalmente en la piel) este tomate fue modificado para activar rutas metabólicas que permiten la acumulación significativa de estos compuestos en el fruto completo, logrando coloración púrpura tanto en pulpa como en epidermis.
El desarrollo del tomate fue liderado por la empresa británica Norfolk Healthy Produce (en alianza con Norfolk Plant Sciences), a partir de una tecnología originalmente concebida en el entorno científico del John Innes Centre en el Reino Unido. Como resume Brewer, los genes de snapdragon “producen el color púrpura vibrante” en esa flor, y aunque existen variantes de tomate con pigmentación oscura, mejorarlas por vías tradicionales ha sido un objetivo de larga data; por eso, en su lectura, esta innovación “ha acelerado ese proceso”.
Más allá del atractivo visual y del perfil nutricional mejorado, este tomate ha sido objeto de estudios preclínicos que mostraron señales relevantes en modelos animales. En un trabajo ampliamente citado en la historia de este cultivo, el consumo de tomates ricos en antocianinas se asoció a una mayor supervivencia en ratones con susceptibilidad a cáncer; de hecho, Brewer destaca que estos tomates “prolongaron la vida de ratones susceptibles a cáncer”.
«La aprobación del tomate morado debería ser motivo de gran celebración en Australia», comenta Rebecca Ford, patóloga molecular de plantas en la Universidad Griffith. «Además de proporcionar la principal pigmentación morada a la fruta, el gen adicional de la antocianina es un potente antioxidante potencial que ofrece beneficios no solo para la salud de los consumidores, sino también para la propia planta mediante la tolerancia a estreses abióticos como el frío y la sequía, y la resistencia a patógenos como hongos que, de otro modo, reducirían el rendimiento y la calidad» agrega.

Evaluación regulatoria en Australia y Nueva Zelanda

La aprobación fue otorgada por Food Standards Australia New Zealand (FSANZ), tras una evaluación exhaustiva de inocuidad alimentaria. El organismo concluyó que el tomate morado es tan seguro para el consumo humano como los tomates convencionales, tanto desde el punto de vista toxicológico como nutricional, con la diferencia positiva de su mayor contenido de antioxidantes.
FSANZ evaluó aspectos clave como:
- La estabilidad genética del evento.
- La ausencia de nuevos alérgenos o toxinas.
- La equivalencia sustancial en macronutrientes.
- El perfil mejorado de antocianinas.
En paralelo, la aprobación para el cultivo y liberación intencional en Australia fue concedida por la Office of the Gene Technology Regulator (OGTR) mediante una licencia que habilita su uso comercial bajo las condiciones regulatorias vigentes.
«Este es un excelente ejemplo de tecnologías modernas de cultivo que permiten el desarrollo de alimentos ricos en nutrientes. Los organismos reguladores han evaluado cuidadosamente la ciencia y coinciden en que [el tomate morado] es tan seguro como el tomate convencional que ya se encuentra en el suministro de alimentos de Australia y Nueva Zelanda», comenta Brewer. «De hecho, necesitamos la aprobación de muchas más de estas opciones alimentarias para contribuir al bienestar de la comunidad y, potencialmente, reducir la elevada carga económica que soporta el sistema sanitario».
Comentarios de expertos y de la empresa desarrolladora
Uno de los elementos más valiosos de esta aprobación es el volumen y calidad de las reacciones públicas emitidas por científicos y por las compañías involucradas. En el compendio preparado por SciMex (Science Media Centre Australia), especialistas de distintas áreas entregaron lecturas complementarias sobre qué significa que este alimento genéticamente modificado llegue a la venta con respaldo regulatorio.
Desde la perspectiva de la empresa y su socio distribuidor de la fruta GM bajo la marca «The Purple Tomato™» (o «El Tomate Morado™«, en español), el foco está puesto en la seriedad del proceso de evaluación. Travis Murphy, Managing Director de All Aussie Farmers, calificó el hito como un momento relevante para la agricultura y para consumidores interesados en salud, y agradeció a OGTR y FSANZ por su revisión “minuciosa y basada en ciencia”, destacando que el trabajo de los equipos reguladores fue “riguroso” y “profesional”. En la misma línea, Nathan Pumplin, CEO de Norfolk Plant Sciences / Norfolk Healthy Produce, señaló que el marco regulatorio australiano demostró ser “riguroso y justo”, y valoró la “comunicación abierta” y la “diligencia” de los evaluadores.
Entre los expertos académicos, el profesor Daniel Tan (Universidad de Sídney) enmarca al tomate morado como un ejemplo de “alimento GM de nueva generación”. En su comentario, recogido por SciMex, recuerda que los primeros transgénicos comerciales se enfocaron principalmente en resistencia a insectos o herbicidas, mientras que este caso apunta a beneficios potenciales para el consumidor, al elevar de forma significativa el contenido de antocianinas. Tan también enfatiza una diferencia clave para evitar confusiones: a diferencia de tomates tradicionales de piel oscura o variedades “heirloom” que pueden ser moradas solo externamente, el Purple Tomato es “púrpura en pulpa y piel”, precisamente por la ruta de antocianinas incorporada.
En un plano complementario, la profesora Natalina Zlatevska (UTS) aporta una lectura desde la psicología del consumo: alimentos “visualmente” distintos pueden provocar curiosidad, pero también cautela, y por eso la comunicación clara y el respaldo de FSANZ cumplen un rol central para construir confianza. Zlatevska observa que encuadrar el producto dentro de la idea de “comer el arcoíris” y explicar sus beneficios puede disminuir la percepción de riesgo.
Finalmente, la doctora Heather Bray (Universidad de Australia Occidental), especialista en comunicación científica, resalta que la aprobación envía un mensaje práctico a la comunidad: que el producto es seguro de cultivar y comer, y que el sistema regulatorio australiano es lo suficientemente transparente como para que el público pueda revisar evaluaciones de riesgo, fuente del material genético, obligaciones del licenciatario y reglas de etiquetado. En su síntesis, la seguridad es condición necesaria, pero la adopción masiva también dependerá de algo esencial para cualquier alimento: si al consumidor le gusta su sabor.
El debut comercial exitoso en Estados Unidos
La aprobación en Australia y Nueva Zelanda no surge de manera aislada, sino que es el resultado de un proceso regulatorio y comercial que se ha venido consolidando en distintos países durante los últimos años. Uno de los hitos más relevantes ocurrió en Estados Unidos, donde el tomate morado fue lanzado comercialmente a inicios de 2024 y rápidamente captó la atención del público. Las primeras ventas superaron las expectativas de la empresa desarrolladora desde la primera semana de venta, con lotes que se agotaron en plazos muy cortos y una alta demanda impulsada por consumidores interesados en alimentos saludables e innovadores.
En el mercado estadounidense, el tomate fue comercializado directamente al consumidor. De acuerdo con la empresa, una parte importante de los compradores correspondió a consumidores que no suelen adquirir productos transgénicos de forma habitual, como jardineros domésticos, lo que sugiere que los beneficios directos para la salud pueden ser un factor decisivo para ampliar la aceptación pública de la biotecnología agrícola.
Posteriormente, en Canadá, las autoridades aprobaron su cultivo y comercialización en 2025, con una salida comercial planificada para el presente año, lo cual reforzó la validación internacional del cultivo y abrió nuevas oportunidades para su escalamiento productivo.

Más allá del color: biotecnología con foco en el consumidor
Tradicionalmente, muchos cultivos transgénicos han estado orientados a beneficios agronómicos, como tolerancia a insectos o herbicidas, que a pesar de producir ventajas en términos de seguridad alimentaria, estas no se reflejan directamente para el consumidor de manera tangible. El tomate morado representa una nueva generación de desarrollos biotecnológicos centrados en atributos de calidad, nutrición y salud, donde el beneficio principal se expresa de forma directa con una mejora en nutrición y/o propiedades saludables en el alimento que llega al consumidor.
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Este enfoque no es único. En los últimos años han comenzado a emerger otros ejemplos de cultivos biotecnológicos con un claro foco en la salud y el bienestar. Uno de los casos más conocidos es la piña transgénica rosada desarrollada por Del Monte, modificada genéticamente para producir altos niveles de licopeno, el mismo antioxidante responsable del color rojo del tomate, y con un rol preventivo en ciertos tipos de cáncer. Además de su distintivo color rosado, esta piña fue diseñada para ofrecer un perfil nutricional diferenciado y una experiencia sensorial atractiva, lo que le permitió posicionarse como un producto premium en mercados selectos.

Otro ejemplo relevante proviene de Japón, donde se desarrolló un tomate editado genéticamente con alto contenido de GABA (ácido gamma-aminobutírico), un compuesto naturalmente presente en algunos alimentos y asociado a la reducción de la presión arterial, el estrés y los trastornos del sueño. Este tomate, obtenido mediante técnicas de precisión distintas a la transgenia, fue aprobado bajo el marco regulatorio japonés para alimentos editados genéticamente (no transgénico) y se comercializa desde 2021. La empresa desarrolladora, Sanatech Seed, promovió su producto con una primera distribución gratuita de sus semillas a jardineros domésticos y entusiastas de la comida sana, antes de la salida comercial oficial.
Para expertos en innovación agroalimentaria, casos como estos, junto al tomate transgénico morado, ilustran un cambio de paradigma en la biotecnología agrícola: desde una tecnología percibida principalmente como una herramienta productiva y desarrollada generalmente por grandes empresas, hacia una nueva ola que incluye a pequeñas y medianas empresas capaces de generar alimentos con atributos diferenciados, valor agregado y beneficios concretos para la salud. Este tipo de desarrollos no solo amplía el abanico de opciones para los consumidores, sino que también contribuye a una conversación más informada y basada en evidencia sobre el rol y potencial de la biotecnología en los sistemas alimentarios.

