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Descubren un interruptor genético que permitiría cultivar arroz sin tener que sembrarlo cada temporada

La reactivación de MIR156BC media la transición del crecimiento anual al perenne vegetativo en el arroz. Crédito: Science (2026). DOI: 10.1126/science.adv2188

Un equipo de investigadores de China identificó un mecanismo genético que permite al arroz silvestre volver a crecer después de florecer, abriendo la posibilidad de desarrollar variedades perennes de arroz comercial (que podrían permanecer en el campo durante varios años sin necesidad de sembrar después de cada cosecha) y reducir los costos de producción agrícola.

ChileBio / 23 de marzo, 2026.- El arroz es uno de los cultivos más importantes del mundo y alimenta a más de la mitad de la población global. Sin embargo, las variedades cultivadas actualmente suelen ser anuales, lo que significa que deben sembrarse de nuevo en cada temporada. Ese proceso implica costos recurrentes en mano de obra, semillas y preparación del suelo. Ahora, un nuevo estudio sugiere que esta lógica podría cambiar en el futuro.

Investigadores del Center for Excellence in Molecular Plant Sciences de la Academia China de Ciencias identificaron un mecanismo genético clave que permite a ciertas especies de arroz silvestre vivir durante varios años. El hallazgo, publicado en la revista Science, abre la puerta al desarrollo de variedades de arroz perenne, es decir, capaces de mantenerse vivas en el campo y rebrotar tras la cosecha.

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Para investigar este rasgo, el equipo analizó 446 tipos de arroz silvestre en busca de características asociadas a la perennidad, como la capacidad de emitir nuevos brotes desde los tallos y la llamada reversión floral, un fenómeno en el que estructuras reproductivas vuelven a comportarse como tejido vegetativo después de la cosecha de semillas.

Luego, los científicos cruzaron una variedad moderna de arroz anual con un pariente silvestre perenne. Tras varios ciclos de retrocruzamiento, lograron identificar segmentos de ADN asociados a la capacidad de la planta para seguir creciendo después de florecer. Así localizaron una región genómica bautizada como EBT1 (Endless Branches and Tillers 1), que contiene dos genes de microARN en tándem: MIR156B y MIR156C.

Los experimentos mostraron que, cuando esta región fue desactivada en arroz silvestre, las plantas perdieron la capacidad de seguir produciendo nuevos brotes tras la floración. En cambio, al introducir EBT1 en arroz cultivado, el cultivo reinició su crecimiento después de florecer en lugar de entrar en el ciclo normal de senescencia.

El estudio también reveló que la diferencia entre el arroz anual y el silvestre perenne no depende solo de la presencia de estos genes, sino también de su regulación epigenética. En el arroz cultivado, MIR156B y MIR156C quedan silenciados a medida que la planta madura, favoreciendo la floración, la producción de semillas y el envejecimiento de la planta. En el arroz silvestre, en cambio, estos genes vuelven a activarse después de la floración, permitiendo que la planta retome el crecimiento vegetativo.

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Según el artículo científico, este reinicio de la actividad genética está asociado a un estado epigenético distinto en la región MIR156BC, con mayor accesibilidad de la cromatina y una reducción de marcas represivas como H3K27me3. Los autores concluyen que este mecanismo es un determinante clave de la perennidad en arroz.

Además, reportes asociados al trabajo señalan que la combinación de EBT1 con otros genes previamente identificados, como PROG1 y TIG1, permitió generar plantas similares al arroz silvestre, con fuerte capacidad de propagación clonal y supervivencia de al menos dos años en condiciones de campo en Hainan, China.

«Nuestros hallazgos no solo ofrecen nuevas perspectivas sobre la base genética de la perennidad en los cereales, sino que también allanan el camino para el desarrollo de cultivares de arroz perenne sostenibles en el futuro», escribieron los investigadores en su estudio.

De confirmarse y trasladarse con éxito a materiales agrícolas útiles, este avance podría contribuir al desarrollo de sistemas de cultivo más sostenibles, con menos necesidad de resiembra anual y menores costos productivos. También ofrece nuevas pistas sobre la base genética de la perennidad en cereales, una característica de gran interés para la agricultura del futuro.


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